Muñeca rota

Por: Julio Durán

—Es inevitable que alguna vez saques los pies del plato, compadre —dijo Ramón—. Somos hombres, cazadores. Si alguna se te presenta, te la tiras, sin remordimientos. Simplemente tómalo como algo que sucedió, no lo busques. Si sucede, sucedió. Solo trata de que Marcia no se dé cuenta, cuídala. Eso sí, nunca, pero nunca, tengas hijos fuera de tu matrimonio. Ahí la cagas toda, porque entonces tu amante sí va a tener derecho a joderte y, cuando ese niño crezca, te va a odiar, y con toda razón. Además, una mujer aguanta cuernos, pero no hijos fuera de su hogar. Ese hijo, tu esposa y los hijos que tengas con tu esposa te perderán el respeto y tu vida se irá a la mierda.

……….Era un sabio. A pesar de haber bebido tanto, pudimos captar esa sabiduría salvaje que le brotaba desde las épocas del colegio, aquellos tiempos en que era el único de nuestra promoción que se agarraba a chicas de grados mayores. Esa noche, en casa de Antonio, celebrábamos el compromiso de Iván, a quien Ramón no paraba de dar consejos. Nos veíamos después de un par de años, pero era como si el tiempo no hubiera pasado, como si tuviéramos aún dieciséis años y estuviésemos todos esperando en el salón de castigos del colegio, hablando de lo mismo, que estaba buena Silvia, bien rica. Como si las chicas que conocería después fueran solo rostros distintos de esa misma mujer que todos adoramos en el colegio, Silvia.

……….—¿Sabes si se casó?

……….—Qué chucha se va a casar esa ruca de mierda, ¿tú crees que a esa huevona le basta con uno solo?

……….Y yo miraba la cara de Antonio, que disimuladamente callaba. Eran las mismas voces, la misma actitud del colegio. Me pareció que en algún momento nos interrumpiría la profesora de ciencias naturales.

…………….¡Alumno Antonio, retírese del salón!

……….Me parecía escuchar la voz de alguna compañera.

………. …¿Te gusta Silvia, Antonio?

……….—Salud, por Ivancito y por Marcia. Bienvenido al club —decía Ramón—. A ver quién es el tercero de nosotros que cae, pues.

……………¡Usted también, Ramón! ¡Usted también! ¡Y usted! ¡Retírense!

……….—¡Salud! ¡Por Iván!

……….—Creo que Silvia sí se casó con un huevón de la universidad —dijo alguien.

……….—¿Esa huevona ingresó a la universidad? —preguntó otro.

……….—Empezó a estudiar, pero no terminó.

……….—Seguro ingresó solo para que se la culearan huevones con estudios, para asegurarse y cazar marido.

……….—Era buena gente —dijo Antonio, ya ebrio, sin darse cuenta de sus palabras.

………..Empecé a temer que se delatara, que hiciera evidente, ante todos, eso que yo siempre había sabido desde esa tarde en que nos castigaron.

…………..Nos pueden expulsar esta vez, profe, no sea malo. Si cita a mi papá, el director nos expulsa. Alumno Antonio, díganos quién escribió eso en la carpeta de su compañera.

……….—Era buena gente pero era bien perra —dijo Ramón, e hizo un corto silencio—. A esa huevona me la tiré, bien clavada. Creo que nunca se les conté, ¿no? Vi cómo Antonio levantaba la mirada y la lanzaba con odio sobre Ramón, que no se dio cuenta de nada al tener la vista fija en su cerveza.

……….—Me la tiré al año de salir del colegio, en su casa, un fin de semana. Nunca dije nada porque en esos años yo estaba con Leandra y sabía que a ustedes se les podía ir la lengua. Ahora Leandra ya fue y les cuento, porque son mis patas. La huevona estaba loca, decía que quería estar conmigo, me pedía que dejara a Leandra, que había estado templada de mí desde el cole.

……………¿Por qué insultan a su compañera? ¿Les gustaría que hablaran así de sus madres o sus hermanas? Díganos quién escribió eso en la carpeta de su compañera.

………..—Tiraba rico, la maldita, par de tetazas. Me la tiré a fines del 2001, justo antes de ingresar a la universidad.

…………Ramón se calló e intenté no mirar a Antonio. Solo miré a Ramón, que sonreía para sí mismo. Quizás yo estaba más ebrio que los demás, pero fue imposible no darme cuenta de un detalle: Ramón no había ingresado a la universidad sino hasta el 2003. Si decía que se la había tirado el 2001, justo antes de ingresar, eso implicaba que ingresó el 2002, lo cual no era cierto.

………..—¿Te la tiraste en su jato? —pregunté.

……….—Sí, hice la finta de querer ver a una amiga de su barrio.

……….—¿Fuiste hasta su casa de Los Olivos? ¿Te hiciste todo el viaje?

……….Por un instante, Ramón dudó, se quedó pensando en su respuesta. Finalmente continuó.

……….—Sí, pero, qué chucha, valió la pena.

……….Ramón recordaba que en la época en que la jodíamos, Silvia aún vivía en Los Olivos, por eso creyó que mencionando ese distrito su historia sería creíble. Pero no. Ramón nunca supo que, al terminar el colegio, Silvia y su familia se mudaron a San Isidro, al otro lado de la ciudad.

……….Ramón terminó de contar su aventura con Silvia, no sin ahondar en cada detalle lúbrico y altisonante, en cada gemido y posición imaginaria. Era un buen tipo Ramón, yo casi entendía que mintiera así. Silvia había sido la única que se le escapó en el colegio.

……….—La mamaba rico la maldita —dijo Ramón y bebió un sorbo cerveza.

………..Cuando terminó de contar su fantasía, miré mi vaso y no quise levantar más la mirada. Sabía que Antonio estaba lleno de rabia y despecho.

……….—Yo me la tiré en quinto, huevón, en el viaje de promoción —dijo Iván repentinamente.

……….Todos volteamos bruscamente a mirarlo. Los ojos de Antonio se volvieron de fuego, iracundos y violentos, ahogados en su silencio vergonzoso.

……….—No jodas —dijimos todos a la vez.

……….—Sí, estábamos borrachos, si no, pues, no me la tiraba —empezó a contar Iván, acomodándose en su silla—. Yo estaba con Katia en ese tiempo y se suponía que ella era su amiga.

……….Antonio sufría, probablemente se sentía disminuido, ultrajado.

……….—¿Quién besó a quién? —preguntó Antonio con voz inocente y desesperada—. ¿Tú la besaste o ella a ti?

……….Ante la risotada malévola de Ramón e Iván, Antonio solo atinó a sonreír patéticamente.

……….—Puta, huevón, ni siquiera nos besamos, solo me la chupó, le chupe las tetas y le levanté la falda, lo hicimos parados, contra un mostrador del hotel, en una de esas salas amobladas que había en cada piso.

……….Antonio bajó la mirada y poco a poco me fue contagiando su angustia contenida, mientras Iván continuaba describiendo cada gemido, cada gesto de Silvia.

…………..Siempre están haciendo llorar a su compañera. Mírenla, ¿no les da pena que los demás se burlen de ella? ¿Qué fue lo que escribieron, profesora? “A Silvia se la rompió uno de quinto”, eso han escrito, señor director.

……….—Fue extraño —continuó Iván—, porque la huevona se portaba como si hubiera estado enamorada de mí. Yo la manoseaba y ella me pedía que le dijera que la quería, hablaba huevadas, se hacía la dramática, me decía para estar aunque sabía que yo estaba con Katia. Apenas terminamos se puso como loca, empezó a insultarme, a decirme que la había utilizado, huevadas.

……….Yo seguía sin mirar a Antonio, solo escuché su voz retumbando como un estertor.

……….—Es que la utilizaste, ¿no crees?

……….Iván y Ramón se rieron. Yo también.

…………..Desde hace años la vienen insultando, señor director, le dicen cosas que no puedo repetir, esto es el colmo, la han hecho llorar. “Rota”, “se la rompió uno de quinto”.

……….—¿Te la tiraste en la sala del tercer piso del hotel?

……….—Puta, no me acuerdo si fue en el tercer o segundo piso —contestó Iván.

………—Tu compartías la habitación con Pedro, Quiñones y Saldivar, ¿no? —pregunté.

……….Iván podía decir que se la tiró en cualquier sala de cualquier piso del hotel, pero no podía decir que no compartió habitación con los que mencioné.

………—Claro, con ellos —respondió bajando la mirada.

………—¿Y ellos vieron que te la culeaste?

……….—¡No! —respondió de inmediato—. Fue bien caleta la huevada, yo no quería que nadie le contara a Katia, pues.

……….Supe entonces que Iván también mentía porque le importaba un pincho que Katia se enterara de cualquiera de sus cochinadas. Además, si se la hubiera comido, Quiñones y Saldivar habrían sido los primeros en enterarse de su propia boca. El huevón habría ido corriendo a contarles, porque en esa época vivía para eso, para ser reconocido por ellos. “Ese huevón de Iván, solo se agarró a una cholita en un pub, ninguna gringa le dio bola”, me contó Quiñones riendo.

……….Iván mentía. Lo confirmé cuando apareció en su rostro el mismo gesto que lo delataba cuando mentía en la escuela.

…………..No, profesor, yo no he escrito nada, eso ya estaba escrito…

……….—Cómo se abría las nalgas la cojuda cuando se me la metía por atrás, cuando me la caché en perrito —siguió contando Iván.

……….Luego de eso todos se callaron y supe que era mi turno. Todas las miradas dirigidas hacia mí, inquiriendo ferozmente.

……….—Y tú, ¿te la tiraste? —preguntó Ramón sonriendo con malicia.

……….Ninguna mirada entró tan profundamente en mí como lo hizo la de Antonio, que era una súplica.

……….—¿Te la tiraste? —volvieron a preguntar.

…………..Fui yo, profesora. Yo lo escribí. Ellos no hicieron nada, lo hice solo.

……….Miré a Antonio y recordé aquel día. Aquella vez supe que aquel acto de nobleza ante Silvia, que lloraba frente a nosotros, era su declaración, era como si dijera mírame, voy a hacer que me expulsen por ti, porque no puedo tenerte, porque quiero herirte para que me mires, para que sepas que existo.

…………..Antonio, pídale disculpas a su compañera, se va suspendido quince días, sin derecho a exámenes. Perdóname, Silvia.

……….—Habla. ¿Te la tiraste?

……….Recordé también lo que Antonio me dijo cuando le pregunté por qué había hecho lo que hizo. Todos esperaban que respondiera mientras yo me servía cerveza y miraba la espuma dorada colmando mi vaso.

…………..¿Nunca has querido herir o destruir algo que nunca será tuyo?

……….Sonreí recordando esa respuesta. Ramón e Iván rieron escandalosamente.

……….¿Qué podía hacer? Si decía que no me la había tirado, quedaría como un idiota, como un eunuco que ni siquiera es capaz de elaborar una mentira decente como las que Ramón e Iván habían inventado. Si decía que sí, aunque solo fuese para no quedar como idiota, mi amigo Antonio se habría sentido miserable y traicionado. Callé y bebí un largo sorbo de cerveza. En ningún instante volteé a mirar a Antonio. Si lo hubiese hecho no habría tenido el valor de decir aquello.

………..—No, nunca me la tiré.

…………Ramón e Iván se cagaron de la risa escandalosamente. En medio del barullo, de las burlas, pude escuchar a Antonio suspirando largamente, como si la paz le llegara al fin de golpe, como si mis palabras limpiaran el recuerdo que él conservaba de esa puta de mierda.

 

 

Julio Durán (Iquitos, Perú, 1977) es traductor. Ha participado en diversas bandas de rock de la escena subterránea de Lima. Publicó Incendiar la ciudad (2002), su primera novela, y La forma del mal (2010), libro que reúne relatos que fueron incluidos en Selección peruana 1990-2007 (Estruendomudo, 2007) y Antología del cuento peruano 2000-2010 (Petroperú, 2013). Traducciones de sus cuentos han aparecido en publicaciones como Words Without Borders y A Public Space. ¿Y quién eres tú para juzgarme? es su tercer libro.

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