Deliverys

Despiértenme cuando esté solo

de Fabio Martínez

 

 

……….La semana pasada asesinaron a otro delivery pero Nueva Córdoba sigue igual que siempre. Los estudiantes van y vienen de las facultades con las mochilas llenas de apuntes, cuadernos y sus mp3 con los temas de moda. De noche, siguen llamando a las pizzerías. Lo único diferente en estos días es que cada tanto se escucha cacerolas, bocinas y gritos en contra del gobierno. Yo trato de no opinar, no vaya ser cosa que le quite clientes a Diego, y menos hoy que es su cumpleaños. Por eso no comemos mientras trabajamos. Diego quiere que cenemos juntos a nuestros amigos después de cerrar, como el año pasado. La única diferencia es que en el cumple pasado comimos un poderoso asado y esta noche: pizza. El martes vino el viejo que trae los bifes para lomos y supuestamente le iba a vender la carne para el asado, pero dijo que no se conseguía nada.

……….Leo el pedido, lo hago un bollo y lo tiro. El olor a cebolla salteada y frituras envuelve el lugar. Peso la mozzarella antes de ponérsela a la masa, me cuido con el horno y los cuchillos, no quiero quemaduras en los brazos ni cortes en los dedos. Detesto las cicatrices. Apenas siento el calor largo la bandeja adentro y cierro la puerta. Diego tiene una marca roja con relieve que se extiende por la mitad de su antebrazo. En los dedos, algunos cortes de diferentes tamaños.

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……….Bebé es uno de los primeros en llegar. Atrás viene el Melli. Se sientan afuera y Diego mete la moto. En la vereda acomodan las sillas y pasan la cerveza.

……….Saco las pizzas, las pongo en una tabla grande y las corto en porciones pequeñas. El otro Melli me da una mano, también se mete el Gordo. Aprovecho y me siento afuera, me desentiendo, agarro la birra y le doy un trago.

……….Dos deliverys amigos del Gordo estacionan la moto en la vereda. Saludan y se suman. Erica le entrega a Diego la lista con las cosas que hay que comprar. Saca una porción de pizza y antes de terminarla se despide de nosotros. Esta noche sale con su novio.

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……….Gabriel, otro amigo, llega al rato. Saluda a los chicos, abraza a Diego y le dice felicidades. Se sienta a mi lado y se sirve una porción.

……….Unas chicas del edificio del frente salen al balcón, gritan y se escucha música. Uno de los Melli está como loco.

……….—¡BAJEN! —grita.

……….—Ya bajamos —dicen las chicas, pero siguen tomando y bailando entre ellas.

……….El Melli cuenta los pisos y se cruza al frente a tocarles el portero. Atienden pero hablan todas a la vez; el Melli se pone furioso. Nosotros nos reímos y lo dejamos con su locura.

……….El Gordo trae otra tabla llena de porciones y la pone al medio. Gabriel me pregunta por el delivery que mataron. Lo miro a uno de los amigos del Gordo y me dice:

……….—Todo sigue igual. Nadie se mueve, a nadie le importa y a estos pibes de Nueva Córdoba no les calienta lo que pasa con nosotros.

……….De uno de los balcones del departamento vecino salen un par de vagos y les hacen fiesta a las chicas que tienen como loco al Melli. Ponen música a máximo volumen y al ritmo del cuarteto gritan de balcón a balcón.

……….—Esos son re fiesteros. Fijate, son cuatro y parecen que son como quince, arman un bardo esos locos —dice Bebé.

……….—Che, ¿y los dueños de las pizzerías se movieron? Vos Diego deberías hacer algo, no hay que esperar que las cosas pasen —dice Gabriel volviendo al tema del delivery.

……….—¿Y qué querés que haga? si los policías se hacen los pelotudos. Y Piter ¿qué hizo?

……….—Habló con un familiar que está metido en la central de policía, pero hasta ahí nomás —contesta el amigo del Gordo.

……….—Hoy ya tomaron a un repartidor —interrumpe el otro amigo. Y hay que estar muzarella para que no se cague.

……….—Mirá boludo —dice el Melli.

……….En el edificio del frente aparecen las chicas fiesteras. Bajan con sombreros de goma espuma, bananas y consoladores de plástico en las manos. Son como quince. Algunas llevan silbatos y cornetas que hacen sonar a cada rato. Empujan a una en baby doll hasta dejarla delante de todos. Salen a la vereda, bailan y cantan. Los pibes del balcón gritan como si estuvieran en la final del mundo y le suben el volumen a “Amor infiel”. Las chicas los saludan y muestran a la agasajada, que levanta el consolador y lo agita. Del costado se acerca una amiga y le empuja el plástico para que se lo meta a la boca. Entra la punta entera.

……….El Melli está como loco, se cruza y agarra de la mano a una de las chicas que le sigue la corriente y baila con él. Nosotros aplaudimos, igual que los pibes del balcón y los vecinos que salen de sus departamentos para ver la fiesta que arman estas minas en la calle. El Bebé se suma y parece un boliche. Cantamos:

……………………………la noche aún no llegó

……………………………es nuestro tiempo de amar

……………………………sin nada que reprochar…

……….El Gordo y sus dos amigos se abrazan y saltan. El guardia del edificio donde está la pizzería se acerca, se pone los lentes y también aplaude. Gabriel cruza y me llama para que vaya ero me da vergüenza.

……………………….….me llena de placer

……………………………pero no puedo evitar

……………………………al mismo tiempo el pensar

……………………………que me engañe como él.

……………………………Amor, amor infiel

……………………………el que más ama sufre más…

……….Los autos que pasan tocan bocina, disminuyen la velocidad. Un Ford Ka lleno de gente para, se bajan dos personas. Baby doll baila en el medio y una de sus amigas le levanta el camisón para nosotros. Vemos el culo redondo, hermoso y una tanga rosa perdida entre las nalgas. Estiramos los cuellos y gritamos. Es la novia más sexy que conocimos. Hacen lo mismo para los chicos del balcón y ovacionamos.

……………………………a quién quiere de los dos,

……………………………yo soy un juego ocasional.

……………………………Amor, amor, amor infiel…

……….Las chicas continúan con su despedida hasta la esquina y doblan. Bebé vuelve con nosotros y se muere de la risa, en cambio el Melli las sigue. Los pibes del Ka se van tocando bocina y con el estéreo a todo volumen.

……….“¡Aguante Nueva Córdoba!”, se oye desde uno de los departamentos.

                —Qué agite loco, qué fiesta —grita el otro Melli.

……….—Qué culo —grita uno de los amigos del Gordo.

……….Al rato, la calle se llena de autos que van a La Divina, el boliche de la vuelta, y la música comienza a retumbar.

……….Nos bajamos dos cajones de cerveza y hablamos de cualquier cosa. Hacemos ronda de chistes, contamos levantes, revelamos secretos de la mina del cuarto b, les decimos piropos a las chicas que pasan y nos reímos del Melli y su locura con Baby doll.

……….A eso de las dos y media Diego se levanta y empieza a guardar las cosas. Le digo a Gabriel que me espere y voy hasta casa, me pego una ducha rápida, me cambio y vuelvo.

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……….El Gordo y sus amigos se fueron, prefieren guardar la guita para el baile del fin de semana. Bebé pone la excusa del estudio para quedarse y Diego se va a dormir, trabajó al mediodía y a la noche. Nos despedimos, le tocamos el culo, lo manoseamos, le decimos cosas lindas por su cumple y nos vamos con los Mellis y Gabriel para la Rondeau.

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……….Los bares están llenos de personas tomando cerveza, fernet y tragos. Los autos circulan a paso de hombre, algunos con los estéreos retumbando en su interior. En cada esquina, chicas de faldas ajustadas y cortas nos reparten tarjetas con descuentos para los boliches. Nos sentamos en un bar y pedimos dos cervezas. Vemos pasar a unas promotoras de Speed con sus pantalones de cuero pegados al cuerpo.

……….El Melli paga la tercera cerveza y propone que vayamos a algún boliche, quiere chamuyar chicas, no se puede olvidar de Baby doll. Proponen El Sol. A mí no me cabe mucho pero tenemos toda la caravana encima.

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……….Hacemos cola, el grandote de la puerta nos trata mal, como a la mayoría de los vagos, y después de un rato de esperar en la entrada el grandote dice: “a la caja”.

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……….Vamos directo a cambiar las consumiciones, pero tardamos en llegar. Nos chocamos con otros pibes que van en dirección contraria. Nos rozamos, no hay lugar pero sigue entrando gente. Transpiramos y metemos primero la mano, después el hombro y por último el cuerpo para hacernos un lugar en la barra y pedir la consumición. Hay un par de minas que tiran los vasos para arriba y juegan con las botellas, los Mellis les hacen fiesta, nosotros pedimos que se apuren. Nos dan dos vasos de cerveza y tratamos de ubicarnos en un lugar donde no nos empujen a cada instante y podamos ver chicas. Subimos a la pista y nos quedamos a un costado.

……….El Melli agarra la mano de una de las tantas bailarinas pero se la sueltan. Intenta con otra que da una vuelta rápida y sigue de largo.

……….Tomo cerveza, siento el calor en mis mejillas y las gotas de sudor que me caen por la frente. Con Gabriel agarramos las manos de las chicas que pasan cerca de nosotros. Decimos cualquier cosa que ni escuchan, y a pesar de que la táctica no resulta, lo seguimos haciendo porque nos divierte. De vez en cuando alguna se queda, nos dice su nombre, tiramos piropos, hacemos chistes, pero después se va.

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……….Bailamos entre nosotros y seguimos tomando. Buscamos las otras dos consumiciones y volvemos al mismo lugar. Gabriel salta cuando el dj pone un tema que le gusta, levanta su brazo derecho y grita. Le hago fiesta y lo sigo. Los Mellis se unen y saltamos los cuatro abrazados, dando vueltas y salpicando cerveza a los costados. Una de esas chicas de falda corta nos toca la espalda para que paremos, porque le pisamos el pie. Uno de los Mellis le dice que no se enoje y la invita a bailar, pero la mina le corta el rostro y lo basurea. El Melli no se queda atrás y la putea. Se mete un vago pero no pasa nada. Se van y seguimos en esa esquina, enfiestados.

……….Gabriel compra otra cerveza. Tomo un trago y me voy para el baño. Camino despacio con las manos pegadas al cuerpo, de otra manera no se puede avanzar. Lo único bueno es que adelante va una chica de pantalón ajustado a la que apoyo cada vez que me empujan y le toco la espalda desnuda para no caerme encima. Se da vuelta y me mira, “es una locura”, le digo, ella asiente. Nos separamos en la zona de los baños.

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……….Me subo a la pista para tratar de llegar más rápido a donde están los chicos. Un pibe se da vuelta y con mi hombro le tiro el vaso de fernet. Se calienta pero lo calmo, le pido disculpas, le digo que si tuviese plata le pagaría uno pero no me queda ni una moneda. Esta situación me recuerda por qué no me gusta venir al Sol. Siempre está lleno, los hombres son mayoría, y cuando la noche pasa y no hay levante siempre se arma bardo. Parece que los Mellis se quedaron sin pilas. Están sentados al borde de la plataforma. Gabriel charla con una morocha de pechos enormes. Me siento al lado de los Mellis y le saco el vaso a Gabriel. Me huelo la camisa, siento olor a fernet y tabaco.

……….En la plataforma baila un grupo de pibes que saltan y gritan. A uno se le va la pierna y le pega en la espalda a uno de los Mellis que se da vuelta y lo mira enojado. Observo su reacción y pienso: “otra vez lo mismo”. Gabriel, que sigue con su morocha, me mira y dice:

……….—Otra vez lo mismo.

……….—No va a pasar nada —miento, porque conozco a los Mellis y sé que siempre pasa algo.

……….—Vamos a la barra a tomar un trago, la futura madre de mis hijos tiene un par de amigas para presentarte —dice Gabriel y la morocha se muere de risa.

……….—No va a pasar nada —repito—, es Julián, no es tan bardero como Franco.

……….—¿Cómo los distinguís? son iguales… vamos, boludo.

……….La proposición de Gabriel me tienta pero no puedo dejarlos. Son mis amigos, mis vecinos. Los conocí el primer día que llegué a Córdoba y siempre se portaron de diez conmigo y con Bebé. Pueden ser quilomberos, borrachos, drogones, pero son buena gente, o por lo menos siempre fueron buenos con nosotros.

……….—Eh, pelotudito, ¿qué me pegás? Tené más cuidado —grita Julián.

……….—¿Qué te pasa, enano? ¿qué mierda decís?

……….El Melli no le da chance de que lo siga puteando. Desde abajo le barre el pie y el pibe cae de espaldas. Se levanta al toque, justo para que el otro Melli lo mande de vuelta al piso con una mano potente en la quijada. Los amigos saltan con los puños cerrados y llenos de bronca. La gente se abre y quedamos solos. Se escuchan los primeros gritos y puteadas de las chicas. Un petiso le quiere reventar un vaso a uno de los Mellis. Le trabo los brazos y él me empuja. Caemos arriba de una flaca que patalea y nos empuja con las piernas. La falda se le sube y sus muslos quedan descubiertos. Un gordo la levanta de las muñecas. El vaso se rompe en los pies de otra que pega un saltito. Siento el piso sucio y mojado. Me paro. Alguien me pega de atrás y me doblo del dolor. Choco con el petiso y en ese roce lo empujo a un costado y el chabón cae cerca de la pared. Me doy vuelta y levanto los puños. Uno de los Mellis le tira piñas como loco al que me pegó en la espalda. Los láser rojos nos apuntan y aparecen los patovicas como topadoras abriéndose camino en un bosque. El primer grandote con una mano le traba los brazos y con la otra le agarra el cuello a mi perseguidor. Los otros patovicas hacen lo mismo con cada uno de nuestros contrincantes.

……….Los Mellis se cagan de risa. Pegaron más de lo que recibieron y los grandotes nos dejaron adentro.

……….—Vamos a la barra —dice Julián y pasamos entre la gente, que todavía nos mira sorprendida.

……….Los brazos me tiemblan. Me toco la cabeza y me miro los dedos para ver si tengo algo. Me paso la mano por el hombro, la nuca y fricciono. El corazón me late como si fuera a explotar. Transpiro. Gabriel está igual. Tuvo que saltar cuando se me venían al humo. En cambio los Mellis siguen riendo y compran dos cervezas. Me pasan una y le hago dos tragos. Trato de calmarme pero los grandotes vuelven a aparecer y nos rodean.

……….—Salgo solo —digo y levanto las manos.

……….Doy un par de pasos, me alzan de atrás y me traban los brazos. Siento la presión en la espalda y el pecho, quedo inmovilizado. Mis pies no tocan el suelo y la gente se abre ante sus trancos. En segundos, el grandote me tira en la vereda y caigo desplomado. Atrás viene Gabriel, que sale a los empujones. Los Mellis caen igual que yo. Franco se da vuelta y le escupe la cara. El pollo verde, asqueroso, le chorrea al Patovica de la pestaña. El grandote le tira una patada llena furia pero el Melli se corre y la pierna sigue de largo, apoya mal y cae a la vereda. Corremos hacia el frente. El grandote se quiere parar y perseguirnos pero los demás patovicas lo calman. Nos cagamos de risa en su cara. Los Mellis lo putean hasta que se cansan.

……….Para tranquilizarnos nos tomamos dos cervezas más en el bar de la vuelta. A eso de las cinco y media nos corren. La moza, que tiene la cara y el cuerpo cansado, nos pide por favor que nos vayamos. Gabriel se apiada y nos levanta de a uno. Los Mellis quieren ir a un after pero son demasiadas emociones para una noche.

……….—Otro boliche donde no podemos entrar —dice Gabriel, mirándolo a Julián.

……….—Eh Gaby, no te enojés, si con vos nunca hicimos quilombo.

……….—Qué no, tampoco puedo entrar a Rinza.

……….—¿Vos estabas ese día?

……….—Claro, si fue al primero que sacaron y lo tiraron por las escaleras —recuerdo.

……….—Qué calentura tenía ese día —dice Gabriel.

……….—Esos chabones se lo merecían ¿o no, Franco?

……….—Mirá, son las chicas fiesteras —dice su hermano.

……….Los Mellis se van detrás de un grupo de chicas que caminan en sentido contrario al nuestro. No son ni parecidas, pero ellos las confunden con Baby doll y sus amigas. Nosotros seguimos hacia el edificio recordando los golpes dados y recibidos. Nos cruzamos con un montón de pibes que vuelven a sus departamentos, algunos en estado calamitoso, como ese chico que vomita en la esquina mientras el amigo le frota la espalda. Los autos aceleran como si estuvieran corriendo una picada. La ruedas chillan en el asfalto, se oyen bocinazos y puteadas. Los estéreos se mantienen a máximo volumen igual que los gritos de las chicas que pasan a nuestro lado. Nosotros seguimos con nuestra táctica fallida: les tomamos las manos y ellas las suelten.

……….En Chacabuco paramos hasta que el semáforo se pone en rojo.

……….Escuchamos unos gritos que sobresalen de los demás. Nos damos vuelta, a lo lejos un grupo de chicos rodean a los Mellis y los llevan contra la pared de un edificio. Uno de ellos levanta una botella de cerveza y se la parte en la cabeza a Julián, intentan hacer lo mismo con Franco, pero le pegan con la base y cae. En el piso lo patean y Julián, que parece consciente, se cubre con las manos para mitigar la golpiza. En cambio, Franco está desmayado y recibe golpes por todos lados. Lo patean en la cabeza, en las piernas, en la panza. Con Gabriel alzamos piedras y vamos hacia donde están los Mellis. Un taxista frena, se baja y amaga con sacar un arma. Los pibes dejan de atacar, corren y se suben a una 4×4 que los espera en la esquina con el motor encendido. Desaparecen en segundos.

……….Julián está atontado por los golpes. Franco, en cambio, no reacciona. El taxista nos dice que subamos y nos lleva directo para el Sanatorio Allende. Gabriel le habla a Franco para que reaccione y por Irigoyen abre los ojos. Cuando paramos, el Melli ya está consciente. Baja caminando y entramos derecho a la guardia. Una enfermera le hace llenar unos papeles y nos manda a sentarnos.

……….—Lo cagaron a patadas —le dice Gabriel a la enfermera.

……….—En unos minutos los llama el doctor.

……….—Nos cagaron a patadas unos maricones, mi hermano se desmayó.

……….—Tranquilos. Los médicos ya se desocupan.

……….Insistimos, pero no da resultado. La sala de espera está vacía. Nos sentamos y le preguntamos a Franco cómo se siente.

……….—Me duele un poco la cabeza —dice.

……….Nos quedamos un rato en silencio hasta que Julián se para e intenta prender la tele que está en un costado, bien arriba, al lado de la pantalla plana donde aparecen los números amarrillos de los turnos. Se sube a la silla y casi se cae. Nos reímos, el otro Melli hace lo mismo y le da golpes a los costados. Seguimos tan borrachos que nos reímos de cualquier cosa.

……….Franco parece que se olvidó de los golpes. Tira chistes, se pone a jugar con la máquina de café y nos hace reír tanto que me duele la panza y me dan ganas de ir al baño.

……….Un médico joven se acerca para observar el estado del paciente, pero al verlo moverse de un lado a otro nos dice que esperemos, que ya lo van a hacer pasar.

……….—¡Quiero que venga Cahe, Alfredo Cahe, soy amigo del Diegote! —grita Franco.

……….—Rinoscopia urgente para mi hermano —dice Julián

……….El médico se ríe y vuelve a los consultorios de la guardia.

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……….Después de media hora Franco pasa, le tocan la cabeza, le revisan los ojos con una linterna y miden sus reflejos. Ordenan hacerle una radiografía.

……….Vamos al subsuelo. No hay nadie en la sala ni en la mesa de entrada. Pasamos y buscamos por los pasillos al radiólogo. Las luces están apagadas y Gabriel le tiene terror a los hospitales. Nos asustamos entre nosotros hasta que despertamos al médico, que tiene los pelos parados. Nos manda afuera para preparar las máquinas.

……….Franco pasa solo. En la espera nos calmamos. Al rato el radiólogo sale con las radiografías y nos las muestra.

……….—No hay lesión —dice.

……….—Eso quiere decir qué no pasa nada —pregunta Julián.

……….—Por lo menos lo que es la cabeza… no tiene nada. ¿Qué les pasó?

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……….Contamos la historia con lujo de detalles y nos quedamos un rato largo en el subsuelo charlando con el doctor, que en realidad todavía es estudiante y está haciendo una pasantía gratis.

……….Subimos, lo notamos callado a Franco.

……….—Me duele un poco la panza —se queja.

……….En la guardia el doctor nos dice lo mismo que el practicante mientras observa las radiografías. Con el dedo índice señala la parte posterior de la copia y nos informa que en el cerebelo no hay ninguna lesión. Deja la placa y le pide al Melli que se acueste en la camilla. Le toca la panza. Hunde sus dedos en un costado del estomago y el Melli grita.

……….—Vamos a tener que dejarlo en observación —dice.

……….—¿Qué tiene? —pregunta Julián.

……….—Pueden ser muchas cosas. Lo más probable es que sea una descompostura por lo que tomo y comió.

……….El médico nos informa que tenemos que ir a la mesa de entrada para arreglar la internación. La secretaria nos atiende de mala gana y dice que Franco debe abonar quinientos pesos para pasar la noche en la Clínica. “La obra social no cubre este tipo de situaciones, es decir, cuando el paciente esta ebrio”, sentencia con cara de pocos amigos, mirándole la traza al Melli.

……….Volvemos a hablar con el médico. Los chicos no quieren pagar esa plata. No la tienen en ese momento y les embola la actitud de la secretaria trasnochada.

……….—Lo recomendable es que se quede. Pero bueno, si no tienen el dinero para pagar… tengan en cuenta que lo más grave, que es la cabeza, está bien. ¿Viven cerca de acá? —pregunta el médico.

……….—A tres cuadras —respondo.

……….—Llévenlo entonces, y si se siente mal, lo traen de vuelta y entran con otra orden de guardia.

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……….Caminamos hasta casa. Gabriel se queda a dormir en el departamento. Franco nos calma, dice que se siente mejor, un poco abombado por los golpes, pero seguro que mañana se le pasa.

……….Nos despedimos en el palier. Los Mellis nos agradecen la compañía y nos cuentan que tienen una fiesta mañana. Que estamos todos invitados, dicen, antes de meterse a su departamento.

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……….Le tiro el colchón a Gabriel, que lo molesta a Bebé y lo despierta a cada rato para hacerle la misma pregunta:

……….—Bebé, bebé… ¿qué estás soñando?

……….—Uh, Gabriel, dejá de romper las bolas.

……….Bebé vuelve a dormirse y Gabriel pregunta lo mismo.

……….Apenas me descuido, me roba la cama y se hace el dormido. No me queda otra que tirarme en el colchón del suelo.

……….Cierro los ojos y siento que la habitación da vueltas por mi cabeza. Apoyo un pie en el piso e intento dormir.

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……….El timbre suena, me levanto asustado y agarro el portero. “Hola, hola”, grito. Nadie responde. Cuelgo el aparato; siento la puerta y la voz de Julián que me llama.

……….—¡Jorge, Jorge, abrí! Franco no se siente bien.

……….Abro la puerta y voy con Julián a su departamento. Franco está sentado en el borde de la cama y se agarra la panza.

……….—No puedo dormir —me cuenta.

……….—Volvamos a la clínica —digo.

……….—Sí, de una, levo la tarjeta para sacar plata —dice el Melli.

……….Lo ayudo a Franco a ponerse las zapatillas y veo los gestos de dolor. “No tomo más”, quiere bromear, pero su cara no lo deja.

……….Voy hasta mi departamento, me pongo los náuticos y de paso despierto a Gabriel, que se levanta para ir con nosotros.

……….Bajamos y el portero, que está fumando en la vereda, nos pregunta qué pasó.

……….—Le duele mucho la panza —dice Julián.

……….—¿Dónde lo llevan?

……….—Al Allende.

……….—Pero no hijo, ese lugar no sirve, ¿van a la guardia no?

……….—Sí.

……….—Está lleno de pendejos, son todos estudiantes que no saben nada. Llévenlo al Urgencias. Se hicieron cagar anoche ¿no? Bueno, en ese lugar se ocupan de casos así, y no hay que pagar nada.

……….Nos miramos, dudamos qué hacer. Pero Julián no pierde el tiempo, levanta el brazo, para un taxi, subimos y dice: “al Urgencias”.

……….Con el movimiento del auto Franco se descompone. Se agarra la panza, se acurruca como un nene hasta que no aguanta más y abre la ventana, saca la cabeza y hace una arcada, después otra y vomita sangre, mucha sangre. Julián se pone como loco, lo agarra de la cabeza y lo trae de nuevo adentro. El taxista acelera y toca bocina. Gabriel se saca la remera, la revolea por la ventana para que la vean y los autos se hagan a un costado. Franco vuelve a vomitar, de nuevo sangre. “¡Apurate por favor!”, grita Julián, y el taxista pone cuarta, pasa un semáforo en rojo y una camioneta frena de golpe, nos toca bocina y el conductor nos putea. Me doy vuelta y veo cómo la chata se va y quedan las marcas de las ruedas.

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……….Ingresamos por el lugar de la ambulancia. Me bajo a buscar una silla de ruedas, pero Julián lo saca y lo lleva en brazos, pasamos derecho a las salas y lo recostamos en una de las camillas.

……….A lado nuestro hay dos mujeres y un tipo sin remera con un vendaje que le cubre el torso y le explica a un policía su accidente. El olor a iodo impregna el ambiente y unas enfermeras entran y salen de la habitación.

……….Julián, que se había cruzado a la sala del frente, vuelve con un doctor que lo primero que hace es preguntarle a Franco qué pasó. Observa las radiografías, luego le sube la remera y le revisa el estómago. Consulta con una enfermera algo que no logramos escuchar y sale apurado. Al rato vuelve con otro médico y un par de camilleros que se encargan de trasladarlo.

……….—¿Dónde lo llevan? —pregunta Julián.

……….—A rayos, hay que hacerle una ecografía.

……….Las puertas se cierran, perdemos de vista la camilla. Nos quedamos en la sala. Al frente nuestro, otro doctor le sutura una herida a un tipo que tiene la piel llena de tatuajes y canta cada vez que le entra la aguja.

……….Una de las enfermeras nos pide que salgamos de la habitación y nos manda a mesa de entrada. Julián quiere resistirse, pero el policía hace el intento de acercarse y salimos. Esperamos en silencio, preocupados.

……….Julián mira el reloj una y otra vez. Nadie sale, y cada vez que entra un nuevo paciente estira la cabeza para ver si aparece su hermano.

……….Saca el celular, marca un número y se va para afuera.

……….Vuelve encolerizado, puteando y con ganas de prenderle fuego a la sala de espera. La mirada atenta del policía lo calma.

……….—Respirá —le dice Gabriel, y Julián camina para un lado y para el otro.

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……….El primer médico sale y habla con Julián.

……….—¿Son de acá ustedes?

……….—De Santiago, estudiamos acá —responde Julián.

……….—¿Tus padres viven allá?

……….—Sí.

……….—Si se pueden venir lo antes posible, mejor.

……….—¿Es muy grave?

……….—No te voy a andar con vueltas. Hay que operarlo, tiene el intestino grueso reventado. Si hubieran venido apenas ocurrió el accidente tal vez hubiera sido más simple. Ahora recién vamos a poder ver la gravedad de la lesión en el quirófano.

……….Julián saca el celular y marca el mismo número. Atienden y me lo pasa a mí.

……….—Contale vos, es mi vieja —dice con el celular en el aire.

……….—¿Julián?… Julián… hablá estúpido de mierda.

……….—No, señora, habla Jorge.

……….—Qué pasó Jorge, pasame con Julián.

……….—No puede hablar, está con Franco.

……….—¿Qué pasó?, yo sabía que era grave, este hijo de puta es igual al padre, decime la verdad, ¡¿Cómo está Franco?!

……….Repite la misma pregunta varias veces y levanta la voz. Como puedo le digo que se venga, que lo van a operar de urgencia. Al final se calma un poco y me agradece.

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……….Pasamos la mañana completa y parte de la tarde en el hospital esperando noticias de Franco. Acompañamos a Julián, que camina de un lado a otro, se come las uñas, los dedos y escupe sobre el piso la piel muerta. A todos los médicos, enfermeros, policías y hasta heridos que aparecen en la sala de espera les pregunta por su hermano. Pero nadie sabe nada. Nosotros esperamos en silencio, afuera, con la cara cansada y una resaca tremenda. Lo único que hacemos es tomar mucha Sprite y mandar mensajes de texto a los amigos del Melli para que vengan a acompañarlo a Julián, por las dudas.

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……….La madre de los Mellis, una jueza de Santiago, llega a eso de las tres de la tarde. Viene acompañada de su novio, un fiscal mucho más joven que ella. Lleva lentes de sol y pasa derecho a mesa de entrada. Ni nos mira. Pregunta por su hijo con voz firme, pero le dicen que espere. La jueza se impacienta y levanta la voz, amenaza con meterlos presos si no le dicen cómo está su hijo. El guardia la ignora y contesta el teléfono. La jueza se lo saca de la mano y el policía se levanta como queriéndola detener, pero de la cartera saca su credencial y el oficial recula. Habla con un médico joven que recién entra y que no sabe nada, pero le promete que va a averiguar. Cuando parece calmarse se da vuelta y lo enfrenta a Julián.

……….—¿Dónde mierda trajiste a tu hermano, pelotudo? —grita la jueza.

……….El fiscal la intenta calmar pero no puede y ella se le va al humo a su hijo. Julián también la putea. Bebé, que llegó hace un rato y está más despierto que nosotros, se lo lleva afuera. Los seguimos y nos sentamos en el cordón. Bebé vuelve a la sala de espera y después de un largo rato nos llama.

……….—Franco salió del quirófano —nos cuenta.

……….Es lo único que nos dice porque no sabe más.

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……….Al rato, el médico aparece.

……….—Tenemos que esperar —dice.

……….La jueza se acomoda los lentes y se abraza a su pareja.

……….—Si lo hubieran traído antes tal vez la operación hubiera sido más simple. Pero en estos casos nunca se sabe —explica el médico.

……….Julián se pone de pié y parece que va a explotar pero al final no dice nada y se va. Afuera, en las escalinatas, el Melli se quiebra, los ojos se le llenan de lágrimas y llora como si fuera un niño. Qué mierda puedo decir en un momento así, pienso. Nos acercamos en silencio y lo abrazamos para darle ánimos pero la tristeza del Melli es tan fuerte que nos vence y al final lloramos igual que nuestro amigo.

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……….Dejamos el hospital y tomamos un taxi directo a casa. Nos bajamos nosotros primero y Gabriel sigue. Con los ojos, el cuerpo y la cabeza cansada entramos a la pieza. Bebé no puede parar de llorar, se va al balcón, mira hacia abajo y putea.

……….Preparo una mochila con abrigos, termo y mate. La dejo lista al lado de la puerta. La idea es pasar la noche en el hospital acompañando a Julián y esperar un milagro.

……….Mientras aguardamos que venga Gabriel, me tiro en la cama. Mi celular suena: un mensaje de Diego. Me cuenta que mataron a otro delivery.

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Fabio Martinez (1981) nació en Campamento Vespucio, provincia de Salta, Argentina. Vivió su infancia y adolescencia en la ciudad de Tartagal. Actualmente reside en la capital de Córdoba. Es Licenciado en Comunicación Social, graduado de la Universidad Nacional de Córdoba y trabaja como profesor secundario en Colonia Tirolesa. Participó en la Antología de jóvenes narradores de Córdoba “Es lo que hay” (Editorial Babel 2009). Su primer libro de relatos “Despiértenme cuando sea de noche” fue editado por Editorial Nudista en 2010 y reeditado en 2012. El mismo recibió en 2010 el tercer premio en el género cuento, en el Concurso del Régimen de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. El año pasado formó parte del libro “Frutos extraños” (EDUVIN 2012) junto a Sebastian Pons y Alberto Rodriguez Mayztegui. A mediados del 2013 publicó su primer novela “Los pibes suicidas” (Editorial Nudista) que fue finalista del premio Cambaceres. En el 2014 la editorial universitaria Sofia Cartonera editó dos libros de su autoría: El Río (cuento para niños) y El Amigo de Franki Porta. El cuento que publicamos en esta oportunidad: “Deliverys”, hace parte de su libro: “Despiértenme cuando sea de noche”.

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One Comment

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  1. cecilia bayón julio 8, 2017 — 9:37 pm

    Qué cuento estupendo!

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