Afuera

Nigel Van

por María José Navia

 

 

………Las niñas duermen y la casa está en silencio.

………Siempre le ha llamado la atención lo temprano que se acuestan los gringos: a las seis de la tarde ya están en pijama y es cosa de leerles un par de cuentos para que se queden dormidos. Esa parte a Sonia no le gusta. Por mucho que los libros de Lily tengan más dibujos que otra cosa, de solo pensar en ellos a Sonia le transpiran las manos. Abre la boca y las palabras salen como animales torpes, pasando a llevar todo a su alrededor: perros, bien feos y con cicatrices, allí donde se hunde la prominencia de su acento. No como esos que pasean por las calles de acá, con sus amos siempre pendientes tras sus pasos, bien ordenaditos y muy amarrados con sus correas.

………Sonia incluso inventa texturas, sonoridades, a medio camino entre el inglés y el español. Lily no se da cuenta, es muy pequeña todavía y se concentra en los dibujos mientras sus párpados se van volviendo más y más pesados. Sonia le cuenta de Olivia, la cerdita, del ‘hungry caterpillar’, del Misterioso Caso del Oso y la habitación se va llenando de ladridos y palabras que suenan como rasguños contra una puerta.

.

………Lleva tres años trabajando con la familia Ball. Lily es la única hija de la pareja (aunque cada uno tiene dos hijos de matrimonios anteriores, adolescentes que casi no conoce), un milagro de cuatro años que la señora Ball tuvo casi al llegar a los cincuenta.

………La quieren, a Sonia. Le dan regalos para navidad y su cumpleaños; la dejan hacer su laundry en el basement, la invitan a pasar Thanksgiving, aunque ella siempre dice que no. No, thank you.

………Al principio, la señora Ball – llámame Kathy – le había pedido que le enseñara español a Lily. Que le hablara sólo en español, para que aprendiera más rápido. Pero al cabo de tres meses fue claro que la niña no tenía ni el menor interés de adoptar la nueva lengua entre sus juguetes. Sonia le decía: Quieres-algo-para-comer, haciendo el gesto de llevarse una cuchara invisible a la boca, o Tienes-sueño mientras refregaba sus ojos e improvisaba un bostezo eterno y la niña la miraba como desde el fondo de una pecera, los ojos grandes, el mundo en cámara lenta.

………Eso, o los gritos.

.

………El señor Ball trabajaba desde casa aunque Sonia casi nunca lo veía. Su estudio quedaba en el piso superior  y ella tenía instrucciones de no entrar allí a menos que él mismo se lo pidiera. El señor Ball tenía casi setenta años, el pelo blanco, y a ella – que era más bien menuda – le parecía un gigante. La señora Ball a veces lo acompañaba, aunque también tenía su propio estudio.

………Sonia no entendía esto de familias que necesitaran a alguien que cuidara de sus hijos mientras ellos sí estaban en casa, pero era mejor no decir nada y recibir con una sonrisa el sobre con su dinero al final de la semana. De ahí el metro a Queens, bajo y sobre tierra, la larga caminata y la noche sin sueños en una casa que compartía con otras tres mujeres a las que también rara vez veía. Nueva York era una ciudad de fantasmas, de casas embrujadas, de mensajes dejados en un papel sobre la mesa o una nota en el refrigerador anotada con prisa.

.

………Mientras Lily estaba en a la escuela, Sonia se encargaba de la limpieza. Era una casa de cuatro pisos en la 82 casi al llegar a Lexington, en el Upper East Side. No tan elegante como las casas y apartamentos de Madison Avenue (Sonia los había conocido en alguna de las muchas playdates de Lily, admirando el Central Park desde ventanales infinitos, mientras las niñas jugaban a las muñecas) pero lo suficiente para que le tomara largas horas (a ella y otra chica de El Salvador que trabajaba para la familia) poner ese inmenso espacio en orden.

.

………Esa noche Zadie también se ha quedado en casa. Duerme en un saco de dormir de las princesas Disney a los pies de la cama de Lily, una cama altísima que a Sonia le da algo de vértigo. Los padres han salido a una boda en las afueras de la ciudad. Vamos a llegar tarde, había advertido con algo de cargo de conciencia la señora Ball, pero Sonia sólo había atinado a responder: No Problem. Y era cierto. No había problema. No había nadie esperándola en casa.

………Al menos, no de este lado de la pantalla.

.

………Sonia sube las escaleras al estudio de la señora Ball con cuidado, no vaya a despertar a las niñas. Se sienta frente a la computadora y anota el password que Call-me-Kathy le ha dejado anotado en un post-it amarillo: HaPPy-77.

.

………Inicia sesión.

………Su hermana ya la está esperando.

.

………Sonia tiene treinta años y un hijo de doce. Se siente vieja. No tiene canas pero es como si las tuviera. Si se viera a sí misma dentro del vagón del metro, se ofrecería el asiento sin pensarlo dos veces. Aunque en Nueva York nadie le ofrece el asiento a nadie. Una vez, Sonia había visto a una mujer embarazada – y a punto de parir – de pie en medio del pasillo mientras un par de adolescentes de lo más atléticos escuchaban música muy cómodos y sentados. En esa ocasión, Sonia también estaba de pie. Cuando se bajó por fin, las lágrimas le duraron cinco cuadras. La rabia, mucho más. Ni siquiera las palabras del señor Kwong, el coreano dueño del almacén de la esquina de su casa, habían logrado reconfortarla. Ni los dulces de jengibre que siempre le ofrecía – el señor Kwong estaba seguro de que el jengibre tenía propiedades milagrosas y pasaba todo el día masticándolo o hirviéndolo en curiosas infusiones – y que a ella le dejaban la garganta como en carne viva.

.

………La conversación con su hermana se había vuelto un rito desagradable. Escuchar sus quejas – infinitas -, predecir el momento exacto en que iba a pedirle más dinero o detectar ese tono agudo con el que pronunciaba frases como “hoy tuve que ir a una de las reuniones de apoderados de Marlon” o “me felicitaron por sus buenas notas”. Para su madre, la distinción era simple y quemaba como el ácido: tu hermana, la que se quedó; tú, la que vives afuera. Por suerte, se asomaba poco a la pantalla y tampoco era dada a escribir pero quería a Marlon con una fuerza capaz de desviar tornados. Y eso era más que suficiente.

.

………El padre había elegido el nombre. Aunque padre sonaba muy solemne para alguien como  Jhonatan. Como El Padrino, había dicho. Marlon. Marlon Brando. Y a Sonia no le había quedado otra que aceptar. Tonta ella, pensó que si él elegía el nombre, no le darían ganas de desaparecer.

.

………A veces Lily le hace regalos a Marlon. Un dibujo de una jirafa – su animal preferido -, una bolsa de dulces para Halloween, un pequeño conejo de peluche para Pascua. Sonia los guarda todos en su maleta. Para cuando se decida a regresar.

.

………Su prima había sido la primera en irse. Todos sabían que su marido le pegaba. Todos sabían que llevaba un par de años guardando dinero en una cuenta de ahorro para largarse. Ahora trabajaba de cocinera en un restaurant en Miami.  Había recibido a Sonia los primeros años; le había conseguido sus primeros trabajos lavando platos o haciendo la limpieza en un sucio Comfort Inn, hasta que decidió marcharse otra vez en uno de esos buses Greyhound llenos de gente y que olían mal.

………Cada cierto tiempo, su prima le mandaba postales y fotos de sus viajes a Disney, el cuerpo inflado y a presión en un par de shorts celestes y una camiseta del ratón Mickey. Nunca había venido a visitarla.

………A Sonia la decisión le había costado. Le seguía costando. Cada mañana sonaba el despertador y era volver a tomar su maleta, abrazar a su hijo aún medio dormido y subirse al auto de Pedro para que la llevara al aeropuerto. Pensó que se quedaría dos años, lo suficiente para juntar buenos ahorros, pero ya iban seis. Marlon había dejado de preguntar que cuándo volvía y había empezado a preguntar cuándo lo iba a llevar a vivir con ella. En la escuela lo envidiaban: porque su mamá vivia en Estados Unidos, porque podía hacerle encargos para sus amigos, porque tenía las mejores zapatillas o un reloj que nadie más tenía o podría tener. Sonia llenaba cajas con ropa de marca comprada en rebaja para su hermana y golosinas, lápices o mínimos artículos electrónicos para su hijo y sus amigos. Una pequeña navidad todos los meses.

.

………A veces, Sonia fantaseaba con tener a Marlon con ella y pasearlo por la ciudad en esos buses rojos de dos pisos que circulaban cerca de la casa de los Ball. Solo que, en este paseo, el bus llegaría a su barrio – donde nunca había buses, ni turistas, ni gente sacando fotos – y así Marlon podría conocer el lugar donde hacía las compras, el local colombiano donde comía los domingos, el señor Kwong y sus caramelos de jengibre. Le iría enseñando algunas palabras en inglés: home, laundry, market, y las palabras los seguirían como perros feos, sí, pero meneando la cola y bien cerca de su hijo.

.

………Sonia alerta sus oídos a los sonidos de la casa. No se escucha nada. Afuera, en la calle, se sienten algunas voces y uno que otro auto. Lily debe estar durmiendo plácidamente. Zadie parece una chica tranquila.

………Sonia enciende la luz del estudio para que su hermana pueda verla. No tarda mucho en arrepentirse: el rostro de Gloria no puede disimular su rechazo. Sabe que está demacrada, hoy no se ha puesto maquillaje y ha sido un día largo. Sabe qué va a decirle: podrías darte una manito de gato antes de que venga Marlon. Pero Sonia no ha traido nada para arreglarse; improvisa una trenza larga con su pelo, se pellizca las mejillas para tener algo más de color.

………Marlon llega frente a ella cargando libros y cuadernos. Tiene tarea de ciencias y de matemáticas. Verlo siempre la desarma. Mientras su hijo le saca punta a uno de sus lápices – lápices de las Tortugas Ninja que brillan en la oscuridad; lápices que ella tuvo en sus manos hace solo dos semanas – y busca en su libro la página de los ejercicios, Sonia espanta un par de lágrimas que amenazan con lanzarse intrépidas fuera de sus ojos.

.

………– Párate al lado de tu tía Gloria para ver qué tan grande estás – le pide y Marlon obedece de mala gana.

………Ya está casi del porte de su hermana lo que quiere decir que ya está más alto que ella. Y por bastante. La tendrá que mirar hacia abajo, cuando vuelvan a verse. Tiene un par de heridas en la rodilla derecha – me caí jugando fútbol, mamá, nada grave – y ya comienzan a salirle espinillas en la frente.

.

………La última vez que vio a Jhonatan – ahora sabe que su nombre está mal escrito y eso se siente como un triunfo algo ridículo que, sin embargo, la hace sonreir – Marlon tenía un año y medio. No guarda ningún recuerdo de su padre. Y Sonia rompió todas las fotos. En su casa su nombre se evitaba como la peste. Marlon aprendió a no preguntar. Sin embargo, tiene sus ojos y un gesto que lo delata y lo recuerda.

.

………Gloria se aleja de la pantalla para ir a hacer otras cosas. Marlon mordisquea una tostada con manjar. Allá todavía hay luz. En Nueva York, ya están a oscuras. Y hace frío.

.

………Las dos mujeres que viven con ella ya han decidido quedarse. Han dejado de mentirse y fantasear con vuelos de regreso a sus países y sus familias; han empezado a comprar ropa de marca, teléfonos de última generación, aceptando trabajar más y más horas extra haciendo la limpieza de lujosas casas o incluso acompañar a las familias en sus vacaciones a los Hamptons. Algunas han quitado ya las fotos de sus parientes de sus cuartos y evitan nombrarlos en las conversaciones. Sonríen, sí, y parecen felices, pero el silencio las tironea hacia abajo como anclas invisibles y Sonia las escucha a veces llorar por las noches.

.

………Tú ya te quedaste afuera – le había dicho su madre un día con rabia. La frase había salido con bilis, como gusanos viscosos escurriéndose por las junturas de la pantalla. Un comentario letal, como  mordida de dragón de Komodo.

………Marlon siempre veía programas de animales y le contaba sobre sus nuevos descubrimientos. Un día le había comentado que el dragón de komodo (varanus komodoensis, había especificado, orgulloso) es peligroso pero no en el sentido tradicional. El dragón de komodo muerde y deja ir a su presa, caminando lentamente tras de ella. Sabe que la herida de su víctima se infectará pronto y que, cuando caiga, él estará allí esperando. A Sonia el comentario de su madre se le había ido estancando en la sangre con los días y la sorprendía con su dolor cuando ella menos se lo esperaba: en la estación del metro, caminando de regreso a casa, preparando el almuerzo de Lily.

………Tú ya te quedaste afuera.

………Afuera. La expresión siempre le había parecido brutal. Vivir afuera. Porque en ese afuera que remitía a estar lejos de su país y su familia se encontraba también como un exilio de todo. Vivir afuera. Como mirar la realidad desde el otro lado de una vidriera bien gruesa. Con el corazón apagado y guardado en un bolsillo o un cajón bajo llave. Quedarse afuera; aullando del otro lado de la puerta.

.

………Un día, almorzando con su madre en la cocina, mientras Sonia hacía la limpieza, Lily había preguntado si podían comprarla. A ella. Can we buy Sonia? – había dicho. La señora Ball, nerviosa pero entre risas, había contestado que las personas no se compraban, o algo por el estilo, pero a Sonia la cabeza no dejó de zumbarle por el resto del día. Por la tarde, le había enviado a Marlon una caja con quince figuras de la Guerra de las Galaxias, un pequeño ejército para mantener al mundo en orden.

………Todos los domingos por la tarde, Sonia miraba a su hijo hacer las tareas. Le contaba de su fin de semana, de los cumpleaños de los amigos, de los programas de televisión que le gustaban, de cómo le iba en el colegio y luego abría su mochila y sacaba sus libros. Sonia lo veía esmerarse en escribir composiciones, encontrar la solución a problemas matemáticos, ponerle nombre a los distintos órganos del cuerpo humano o aprenderse de memoria las banderas de los países. A veces fallaba el sonido o la imagen se veía borrosa, pero ninguno faltaba a su compromiso. Marlon ensayaba sus presentaciones y Sonia aprendía de dragones de komodo y medusas que viven en el fondo del mar y pueden vivir para siempre.

.

………Un día, Marlon tuvo que hacer un trabajo sobre el atentado a las Torres Gemelas y le pidió a ella que le mandara fotos de la Zona Cero. Sonia nunca había querido ir. En general, se sentía rara caminando de turista; sentía que le faltaba algo, o, más bien, que le sobraba todo: una impostora. Pero por Marlon llegó hasta el lugar, hizo una fila de horas para ingresar al memorial recientemente inaugurado y sacó fotos a las piscinas que recordaban las huellas de las dos torres con un nudo en el estómago. Sonia no pudo evitar imaginar a personas saltando hacia las piscinas; el ruido del agua apenas amortiguando sus caídas y sus muertes. Había una energía rara en el sector. La gente circulaba por allí algo nerviosa. En la tienda de regalos del memorial, Sonia le compró a Marlon un bolso, un perro de rescate de peluche y varios lápices para que compartiera con sus compañeros.

………Se sacó la mejor nota de la clase.

………La profesora incluso había llamado a casa para extender las felicitaciones a la familia. Su hermana se lo había contado, orgullosa, durante su última sesión.

.

………Ya se hace tarde y Marlon debe ir a dormir. Comienza a guardar sus cosas, con cuidado, con una lentitud innecesaria. A Sonia se le llenan los ojos de lágrimas. Ve la cabeza de su hijo, su pelo desordenado, sus manos con las uñas algo sucias, la correa de su reloj ya gastada por el uso. Quiere decirle que no se vaya, o pedirle que duerma con el computador encendido para así poder verlo dormir. Vigilar sus sueños. Estar allí cuando despierte por la mañana. Cocinarle huevos revueltos con tomate, como a él le encanta o enseñarle los Mac and Cheese que tanto le gustan a Lily.

………Marlon le envía un corazón como mensaje de chat y le sopla un beso a la pantalla.

………Buenas noches, mamá.

………Buenas noches, pollo.

,

………Sonia casi puede escuchar los latidos de su corazón. Siempre le pasa después de hablar con su hijo. Durante el día anda como desconectada, mirando sin pestañear las caídas de Lily en los juegos del parque, escuchando, ausente, sus rabietas cuando no le gusta la comida o la ropa que ha escogido le queda incómoda. Es sólo después de hablar con Marlon que siente que la sangre fluye otra vez, tibia, por sus venas; que el cansancio se instala sobre sus hombros, que el miedo existe y es necesario mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar para así no perderse nada. Ella, que ya ha perdido tanto.

,      

………Siente el sonido de unas llaves en la puerta y voces que hablan en murmullos. Sonia apaga el computador y baja lentamente hasta el primer piso.

………Thank you so much, Sonia. You are a life saver.

………Las palabras de la señora Ball salen cansadas de sus labios. Lleva un vestido negro muy bonito y tacones, aunque apenas puede mantenerse en pie.

………¿Todo bien con Lily?

………La mujer intenta practicar su español mientras busca la billetera en su bolso .

………Sí, señora.

………Oh, Sonia. Call me Kathy.

………Kathy: la última palabra del día; un último perro husmeando bajo la mesa y buscando algo para comer, aunque demasiado cansado para ladrar o hacer desorden.

.

………Sonia camina rumbo al metro. Aún hay mucha gente por la calle. Antes de descender, toma un pequeño desvío a una farmacia cercana. La luz, brillante en exceso, le molesta en los ojos.

………Tarda un poco en encontrar lo que busca: unos parches. Curitas. De Bob Esponja, de colores, de Las Tortugas Ninja.

………Para las rodillas de Marlon.

.

.

.

.

.

.

.

.

María José Navia (1982) es una escritora chilena. Ha publicado una novela (Sant, Incubarte Editores, 2010) y un libro de cuentos (Instrucciones para ser feliz, Sudaquia, 2015). Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés, francés y al ruso. Es Doctora en Literatura y Estudios Culturales (Georgetown University) y Magíster en Humanidades y Pensamiento Social (New York University). Actualmente es profesora en la Pontificia Universidad Católica de Chile y escribe reseñas en Paniko.cl y en su blog Ticketdecambio.wordpress.com.

Imagen: Q train, de Nigel Van Wieck

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: