El porno nuestro de todos los días

Por: Adhemar Manjón

Pornografía es la segunda ‘obra cruceña’ dirigida por Diego Aramburo que, podría decirse, funciona como una secuela de Santa Cruz de Sade, de 2015 (también dirigida por Aramburo). Aunque la primera obra pierde donde Pornografía triunfa: en no tomarse en serio –que no por eso deja de ser interpeladora-.

Pornografía funciona muchas veces desde la autoparodia, con base en ‘testimonios’ que surgen de cada uno de los actores –unos más logrados y más interesantes que otros, habrá que decir- y que tienen como eje las ganas de Rosa (Rosa Caballero) de tener un buen polvo con Winner (Winner Zeballos), antes de que ‘todo llegue a su fin’.

Mientras veía la obra pensaba en cuál era la idea de -además del título tan ‘llamativo’- publicitarla hasta el cansancio como “provocadora, transgresora, controversial y explícita” ¡Tantos adjetivos! No sé si además de llenar la sala en las seis funciones que hubo durante tres días en el Centro de la Cultura Plurinacional, querían llevar un nuevo público al invitar a gente del ‘mundo’ de la farándula cruceña a que actuaran.

Pensaba también en qué hay de “provocador, transgresor, controversial y explícito” ahora, en tiempos de grupos de Whatssap llenos de pornografía de todo tipo que circula todo el tiempo.

En todo esto pensaba mientras escuchaba a Rosa, la protagonista, hablar desde una tina de aquellos hombres que van a salas de striptease y ven porno en su computadora o celular, pero al momento de estar frente a hechos similares en otras situaciones –en una obra de teatro, por ejemplo- se sienten ofendidos, o shockeados, o ambas cosas. Digamos que la doble moral se activa.

Y no pude dejar de sorprenderme cuando dos parejas –una de ellas bastante joven, la otra, a mis espaldas, en la que el hombre lanzó un ‘no puede ser’ antes de decirle a su pareja que se levantaran- se fueron de la obra durante la escena de sexo de Rosa y Winner. Aquí especularé un poco al decir que en ambos casos  noté que los hombres tomaron la iniciativa para marcharse, y bueno, la escena de sexo ni siquiera fue tan explícita…

Pornografía desenmascara temas actuales de los sectores conservadores cruceños, y lo hace bien, apelando a figuras y costumbres propias de este pueblo: Carlos Valverde (cuya ‘voz guía’ se escucha cada tanto durante la obra), los jueves de frater, el carnaval, mujeres de la alta alcurnia sumisas y muchos otros más. Todo esto dicho a la luz de los flashes de un fotógrafo que retrataba todo, ¿para la sección de Sociales, quizás?

Esta reseña se publicó originalmente en la sección cultural de EL DEBER (16/05/2017)

Imagen: sergiomarcio2 –  Instagram

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