La Casa

 

Autor: Giovanni Bello

Amigos, formemos una banda de Rock and Roll
Guitarras guardadas en el placard
Ahora somos nuevos creadores de Rock and Roll
Tranquilos todo va a estar más o menos bien

 Él mató a un policía motorizado, Más o menos bien

 a N. C.

……….Me perdí en los noventa. Todos saben que la poesía no existió en los noventa. Solamente las guitarras. Y me perdí ahí al medio, entre la electricidad y ese sentimiento de nostalgia que aun me invade cuando las escucho. En realidad creo que todos, de algún modo, nos perdimos en los noventa. ¿No han visto los videos que pasan por MTV 2? Bueno, yo tampoco tengo tv cable en mi cuarto, pero cada vez que voy a la casa de un amigo o a la casa de mi novia, donde si tienen tv cable, los veo con devoción. Obviamente no lo hago notar, pero me encanta verlos, me encanta la idea de que todos nos perdimos en los noventa. La mayoría de esos videos muestran calles desérticas en medio de la noche, envueltas todas en distintas formas de bruma: algunos son jubilosos y muestran el entusiasmo que los adolescentes de ahora tienen por las fiestas y otros son más bien melancólicos, gente serenamente sonriente o poseída por una extraña tristeza corre entre las calles de noche y las luces callejeras iluminan sus rostros. Sus vestidos son de colores fuertes, lo que hace que contrasten con la bruma del ambiente y con lo oscuro del cielo. Bueno, no todos los videos son así, pero muchos son variantes más o menos precisas de esos esquemas.
……….Luego, cuando me toca irme de la casa de esos amigos que si tienen MTV 2, me hago al distraído e intento permanecer un poco mas ahí a ver qué nuevo video pasan. No es que luego me baje toda esa música o esos videos, todo lo contrario, ahora, a diferencia de hace diez años, olvido los nombres, olvido los lugares de donde son los músicos. Solo retengo esas imágenes que me hacen sentir hermanado con el mundo. No sé si fue Kandinsky o quién, que comparaba la música con la arquitectura. Siempre creí profundamente en esa comparación. Siento que en realidad la música es el único espacio –en el sentido absoluto de esa palabra– habitable. Por eso, desde que estaba en la secundaria sentía que en el único momento en el que estaba al abrigo de algo era cuando escuchaba música. Y era mejor escuchar música entre varias personas, así habitábamos un mismo espacio todos. Aunque, a diferencia de la arquitectura, tal vez los espacios que habitábamos cada uno de los que escuchábamos música juntos hayan sido distintos. Es decir que cuando escuchábamos música con los chicos y con la Gabriela, cada uno habitaba una casa distinta. O una habitación distinta. No lo sé.
……….Recuerdo la vez que fui a Buenos Aires. Me alojé en la casa de una tía que vive allá, en un barrio de migrantes. En ese barrio todo era familiar, la comida, la música, la gente. Pero una vez que tomé el subte para ir a no sé dónde, me empecé a asustar, porque la dirección que me dieron quedaba cada vez mas lejos del centro y cada vez se hacía más de noche. Mientras me alejaba pensaba si estaba perdido o si tal vez se habían equivocado en darme la dirección. Seguí el trayecto y cuando ya estaba a punto de rendirme y volver por donde venía, subió un hombre mayor, de aspecto humilde, con un radio portátil, de esos radios viejos para escuchar partidos de fútbol, y puso a muy bajo volumen unas canciones antiguas que me recordaban a mi ciudad. Juro que jamás me sentí tan bien. Sentí que volvía a mi lugar de origen, que habitaba de nuevo mi casa. Y no es que me disgusten las casas ajenas. Pero tu casa es tu casa. Y yo ese día en el subterráneo en Buenos Aires me sentí como en mi casa. Bueno, luego averigüé y resultaba que si me habían dado una indicación incorrecta y tuve que volver, pero ya no tuve miedo.
……….Ahora pienso que nunca debí dejar de ser un simple oyente de música, tal vez si no hubiera empezado a tocar música con los chicos jamás me hubiera perdido en los noventa. Pero fue inevitable, estaba previsto que eso pasaría. Primero conocí al Jechu, que aunque era bastante más joven que yo tenía los mismos gustos musicales. No sé cómo lo conocí. Creo que fue en un taxi o algo así. Porque él era vecino mío. Luego el Jechu me presentó al Tincho, que era baterista y que también vivía en el mismo barrio. Yo les presenté a la Gabriela, mi ex, y entre los cuatro congeniamos muy bien. Bueno, los cuatro y todos los amigos de ellos y algunos amigos nuestros que también resultaron ser amigos en común. Pero en realidad formar una banda no significa necesariamente perderse en los noventa. Aunque conozco varios casos de esos. El problema fue la poesía o, para ser más precisos, su ausencia. Porque ahora pienso y creo que si hubiera habido algún poeta entre nosotros, o si por lo menos algún conocido de los conocidos hubiese sido poeta o por lo menos lo hubiese pretendido, nada habría sucedido. Bueno, incluso podría haber sido peor, pero quién sabe.
……….Al principio, con los chicos, sólo nos juntábamos para charlar de música, pasarnos discos y videocasetes. Recuerdo que apagábamos las luces de la habitación del Jechu y las cascadas de guitarras eléctricas, melancólicas, dulces, serenas, abrasivas, nos envolvían. A veces, cuando la música era más rítmica bailábamos. Yo abrazaba por la cintura a Gabriela y le besaba la espalda. Recuerdo esas sesiones con mucho cariño porque todavía disfrutábamos ingenuamente de la música. Éramos muy jóvenes (aunque yo y Gabriela no lo éramos tanto) y probablemente la fiebre se nos pasaría pronto. Pero también ahí estaba el hueco que había dejado la poesía aun antes de existir. Y paulatinamente ese hueco nos fue absorbiendo y nos fue llevando cada vez más lejos en la música. Empezamos hablando de nuestros héroes, nuestros santos, todos esos músicos que habían tenido que descender a los infiernos para resucitar y terminamos planteando hacer nosotros una banda. Es lo que pasa con todas las deidades: primero las adoras y luego las destruyes, quieres más y decides que es hora de ser tú mismo un héroe o un santo.
……….Tampoco el hecho de formar una banda signó definitivamente nuestro destino. Podríamos haber formado tranquilamente una banda y después de un tiempo aburrirnos y luego no hubiera pasado nada. Gabriela desempolvó la antigua guitarra de su hermano, yo hice lo propio con una guitarra eléctrica que tenía guardada desde hacía un tiempo y el Jechu, que era bajista, y el Tincho, que ya habían estado practicando juntos, tomaron sus puestos. Al principio nadie compuso letras y nos dedicábamos a buscar melodías, a coordinar las guitarras con el bajo. Nos dedicamos a discutir con el Tincho, que siempre intentaba sobresalir. La idea era formar una masa eléctrica tan compacta que lo envuelva todo. Que nos envuelva a nosotros. Creo que si hubo alguna genialidad entre nosotros fue la idea de que nunca dejáramos de ser espectadores musicales, que el sonido que hiciéramos fuera tan compacto que sintiéramos como que sólo lo escuchábamos, que no lo producíamos nosotros. La idea no era que esa masa cobrara vida sino que más bien fuera un objeto inanimado, como esa casa en la que habitábamos cuando escuchábamos música juntos.
……….No tardamos mucho y las estructuras de ese espacio que intentábamos construir fueron armándose, fueron tomando forma y resultaron ser las más hermosas que jamás hayamos escuchado. Nos encantaba vernos reflejados en el embovedado de esas habitaciones imaginarias que creábamos juntos. Obviamente el nombre que le pusimos a la banda fue La Casa. Todos lo supimos desde que tocamos el primer acorde. Sabíamos que en esa casa podríamos vivir por un tiempo. Podríamos disfrutar del cobijo que nos prometía. La verdad es que la experiencia no era sustancialmente distinta a la de escuchar música en conjunto. Pero no sabíamos que lo que no había allí era la poesía. Que la poesía nos había dejado antes de llegar. Y que esa ausencia terminaría por destrozar las bases de nuestra casa. En ese momento no lo sabíamos y teníamos fe en la casa, en su solidez y en el sentimiento que nos invadía cuando habitábamos en ella.
……….Ahora que lo pienso puede que yo haya sido el único que pensaba en esas cosas. Puede ser que mis compañeros jamás se hayan dado cuenta de lo que estoy hablando ahora. Ni siquiera Gabriela, con la que compartíamos tantas aficiones. Ese es el problema con la Carito, no se apasiona con nada, no siente entusiasmo por nada. Pero no creo que nadie se haya dado cuenta. Porque si no ¿Cómo podríamos haber logrado tanta conexión entre nosotros? ¿Cómo podríamos haber hecho esa música en la que nos sentíamos tan cómodos sin haber sido conscientes de que esa era nuestra casa? Luego empezaron las tocadas. Para eso ya le habíamos puesto letras a varias canciones. Yo cantaba y Gabriela hacía los coros. Debo aclarar que el haberle puesto letras a las canciones en ningún momento trajo la poesía a La Casa. La poesía nunca estuvo y no fue distinto cuando le pusimos letra a las canciones. Eso aunque muchas letras hayan sido muy poéticas. Porque yo y Gabriela, y a veces también el Jechu, nos sentábamos a escribir las canciones y nos esforzábamos mucho. Queríamos que las palabras no arruinaran el ambiente que habíamos construido con la constancia de santos que teníamos esa época. Las letras tenían que ser transparentes. No podían ocupar ningún espacio en ese lugar que era La Casa. Porque la casa, para ser habitable debía estar despejada de cualquier cosa, era sólo el espacio en el que los cuatro habitábamos. No podía haber nada ni nadie más.
……….Así que empezamos a tocar en algunos bares de Los Noventa, que es como se llama el barrio donde vivíamos todos los integrantes de La Casa. No se me pregunte porqué Los Noventa tiene ese nombre. Alguna vez mi papá me contó algo sobre los sobrevivientes de una escaramuza durante una guerra civil o algo así. Se decía que los antiguos habitantes de la zona eran tan bravos que a pesar de las fuertes ofensivas, sobrevivieron en número de noventa, seguramente un porcentaje alto para la época. Creo que es por eso que se llama así nuestro antiguo barrio. Porque hoy ya ninguno vive allí. Pero fue allí donde empezó a tocar La Casa y también fue allí donde conocí a Gabriela. Recuerdo que sus padres solían comprar los productos domésticos en la tienda del mío. La familia de Gabriela llegó al barrio cuando yo era un adolescente. Recuerdo la primera vez que vi a Gabriela, usaba su canguro verde y una falda corta color violeta. Me pereció la chica más linda que había visto. Creo que hasta esa época todavía no me tomaba muy en serio eso de las relaciones amorosas. Mis rutinas sexuales, como las de todo adolescente, se basaban fundamentalmente en la pornografía y la masturbación. Así que cuando vi a Gabriela entrar a la tienda de mi padre, quedé absolutamente prendado de ella. Se lo hice saber a través de amigas de la escuela y finalmente nos volvimos buenos amigos. No pasó mucho tiempo antes de que nos volviéramos novios.
……….Gabriela fue la única pareja que tuve mientras viví en Los Noventa. Entre nosotros había un sincero sentimiento de complicidad. Cuando alguno conseguía nueva música iba corriendo a la casa del otro para escucharla. Luego la comentábamos y nos retábamos a buscar información sobre ella. El sexo también era estupendo. Los dos fuimos descubriendo mutuamente nuestros gustos sexuales. Bueno, Gabriela ya había tenido experiencias previas, así que yo aproveché mucho lo que ella me enseñaba. Pero cuando nos dimos cuenta de que la ausencia de poesía estaba haciendo merma en las bases de La Casa los problemas con Gabriela fueron en aumento hasta que al final, sin estar muy seguros de lo que hacíamos, decidimos romper nuestra relación de casi cinco años. La ruptura tanto con Gabriela como con La Casa fue muy dura. Creo que la imagen que más cabe para describir lo que hizo la ausencia de la poesía con La Casa no es la del derrumbe sino la imagen del techo arrancado por el viento que sale volando por los cielos. La ausencia de poesía abrió una caja de pandora eléctrica tremendamente autodestructiva y esa masa eléctrica que al principio nos cobijaba dejó de ser estable, dejó de ofrecernos seguridad.
……….Sería fácil echarle la culpa a las adicciones del Jechu, a mi alcoholismo incipiente. Pero creo que esos no fueron los motivos esenciales de la destrucción de La Casa. Todo siempre tuvo que ver con la música. Yo, como Gabriela y el Jechu, nos dimos cuenta de que podíamos hacer muchas más cosas con la electricidad. Nos dimos cuenta de que las posibilidades musicales que teníamos delante de nosotros eran infinitas. Los que conocen de poesía, ahora lo sé, saben de esas cosas desde hace siglos, pero nosotros no lo sabíamos, y nos dejamos llevar por la electricidad. La banda, que al principio había generado gran entusiasmo entre el público que asistía a los bares para escucharnos, se convirtió rápidamente en un refrito, una parodia de sí misma. La electricidad, que desde el principio parecía poseernos a todos, empezó a cegarnos y a cobrar vida. Y eso era, como dije antes, lo que menos queríamos que ocurriera en La Casa. Y no es que pretenda que la poesía nos hubiera salvado ni que nos hubiera ofrecido la estabilidad que necesitábamos, pero creo que esas fuerzas autodestructivas que surgieron en determinado momento en La Casa podrían haber sido menos rotundas estando la poesía ahí.
……….De repente todo mi mundo se vino abajo. Las canciones ya no funcionaban. La electricidad se desbordaba. Ya no sentía la feliz melancolía que sentía años antes, aun antes de formar la banda, cuando nos encerrábamos en el cuarto del Jechu a escuchar nuestros discos favoritos. Ni la música de La Casa ni la música de ninguna otra banda ya me cobijaba. Creo que les estaba pasando lo mismo a los chicos. También a Gabriela. Parecía que Los Noventa ya no era un lugar para mí ni para ninguno de nosotros. Sentía que el tiempo avanzaba, que nos estábamos poniendo mayores. Pero no es que nos hubiéramos estado aburriendo. Eso, en todo caso, hubiera estado bien. Lo peor es que la música nos poseía y nosotros ya no lo soportábamos. Ya no queríamos seguir ni en La Casa, ni en Los Noventa, ni queríamos escuchar los viejos discos con los que antes nos sentíamos tan bien. Sentíamos que debíamos ir, no sé, hacia adelante. Dar el siguiente paso. Pero eso nos hacía sentir vulnerables. Estoy seguro de que si la poesía hubiera estado allí en esa época, las cosas se hubieran aplacado. Las energías negativas (si es que sirve el término) se habrían distribuido de forma más equilibrada. Pero no. Todos sabíamos que algo faltaba allí y no queríamos admitirlo. Pensábamos que el mudarnos nos haría bien. Y así sucedió. Nos fuimos de Los Noventa, y jamás volvimos. Al menos yo. Aunque tiendo a visitarlo. Voy a la casa de mis padres, paseo por algunas calles, entro a los bares donde tocábamos con los chicos. Debo admitir incluso que sueño muy a menudo con Los Noventa. Tengo pesadillas. Mi memoria tiende a volver siempre allí. Recuerdo con mucha nostalgia los primeros encuentros sexuales con Gabriela, las sesiones con los chicos, los primeros ensayos de La Casa.
……….Hace tiempo que no sé nada de Gabriela, ni del Jechu ni del Tincho. Después de intentar tocar en bares de otras zonas sin ningún éxito disolvimos oficialmente la banda. Luego cada cual tomó su propio camino. Creo que el Jechu intentó volver a formar una banda en otro barrio pero no sé si su proyecto haya prosperado. Gabriela conoció a un tipo mayor y se casó con él y yo decidí entrar a la universidad. Entré a la carrera de literatura y allí conocí a la Carito. Alquilé un cuarto cerca del campus con el dinero que me dan mis padres de mensualidad. Carito es una chica muy linda, aunque a veces es muy fría. A veces siento que la amo. Sabe mucho de poesía y me inició en la lectura de muchos escritores antiguos. Pero la poesía llegó cuando ya era tarde. Ahora estoy perdido en los noventa y no sé si sea tan malo.

 

Giovanni Bello (1988) estudió Historia. Ha publicado los fanzines de poesía Manifiesto Protomendicista (2009), Escritos de Pánico. Corregidos y Aumentados (2011) y Casetes Postales Ep. (2012), así como la compilación de ensayos A los rrroqueritos les está gustando la cumbia y otros escritos roquerísticos (2010).

Las editoriales independientes Yerba Mala Cartonera y Almatroste le publicaron en 2013, la primera, una selección de ensayos cortos sobre rock y literatura llamada Mixtape, y la segunda, una colección de poemas escritos el 2009 llamada Los castillos verdes. 

Anuncios

One Comment

Add yours →

  1. Adoro este cuento. Hay un pequeño error de imprenta. «perecemos». ¡Gracias por haberlo puesto en línea!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: