Las cinco películas favoritas de Claudia Joskowicz

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En Hay Vida en Marte, invitamos a la artista y videasta Claudia Joskowicz  a que nos hable de cinco películas que ella considere parte importante de su formación artística. Aquí sus seleccionadas:

News from Home (1977) (Noticias de casa) de Chantal Akerman, es un film compuesto de una serie de tomas fragmentadas (en planos largos, simétricos y generales) de la vida urbana de la ciudad de Nueva York en 1970. La película comienza con una toma de madrugada en Manhattan en la que las calles vacías son interrumpidas ocasionalmente por coches y camiones, y marcada por la voz de Akerman quien lee cartas de su madre desde su Bélgica natal. Con su voz invisible pero singular, con un tono completamente monótono, Akerman habilita cuadro a cuadro las calles de la ciudad desierta. Poco a poco el ritmo de los fragmentos empiezan a converger con la cadencia de la narrativa creando una crónica disociativa y simétrica, reflejando la alienación, el deseo y la vida interior de la joven artista. La interacción dinámica entre el cine y la vida real teje una esfera donde de las expectativas culturales reflejadas en las cartas de la madre, y las raíces familiares que la ligan con la casa familiar, se mezclan con las delimitaciones entre los espacios interiores y exteriores, entre el cuerpo y la ciudad.

 

Stalker (1979) de Andrej Tarkovsky, es una película que hasta ahora sirve como referencia indispensable en toda obra que produzco. El cine de Tarkovsky construye poesía, psicología y filosofía, reflejando lo más profundo de la condición humana, pero siempre consciente de la naturaleza poética del cine. Stalker está basada en la novela de ciencia ficción Partida de recreo en el campo, de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, pero la película se aparta bastante de la novela. Al igual que en Solaris, de Stanislav Lem (otra película de Tarkovsky), la ciencia ficción en Stalker es solo un punto de partida táctico, utilizada para destacar un conflicto moral. Stalker narra la historia de un viaje realizado por tres personas: el guía (el Stalker), un escritor y un profesor. Su meta es llegar a la “Zona”, un lugar donde existe una habitación en la que el que entra puede ver realizados sus deseos más íntimos. El origen de la Zona no se conoce pero se habla de que fue formada por la caída de un meteorito o de que fue habitada por una civilización extraterrestre que posteriormente se fue. En el momento que entramos a la Zona, esta se halla cerrada y protegida por militares, dado a que muchos hombres que entraron jamás volvieron. El viaje en sí impulsa a los protagonistas a realizar un viaje paralelo interior donde lucharán con su consciencia. El viaje metafórico reivindica el carácter filosófico del film, que pretende realizar una reflexión sobre la vida misma y la situación espiritual de los seres humanos en ella. En Esculpir el tiempo, Tarkovsky escribió que intentaba “prescindir de manierismos, buscando una representación simple, carente de artificios, donde no se produzcan saltos temporales y el plano marque el transcurso del tiempo, de tal forma que el montaje sólo indique la continuación de los hechos”.

 

La Jetée (1962) (El muelle), de Chris Marker, es una película francesa de ciencia ficción. Chris Marker la define como una fotonovela (photo-roman), ya que se realizó filmando una serie de fotos fijas acompañadas de una voz en off. Los 28 minutos de la película solo cuentan con una breve secuencia de 20 segundos de imágenes en movimiento. La Jetée es una meditación sobre el poder y la maleabilidad de la memoria en la que un hombre marcado por un momento de su niñez es forzado a reconstruir y revivir ese recuerdo. En un Paris post-apocalíptico, el mundo entero ha quedado devastado y se aproxima la extinción de la humanidad. Un grupo de científicos a cargo de un campo de concentración decide que el único modo de salvar a la humanidad es experimentar con mandar a personas al pasado para evitar la tragedia, o al futuro para buscar una solución a la situación. El protagonista de esta historia es uno de los prisioneros elegidos para realizar el viaje a través del tiempo. Es escogido por su habilidad para enfocarse en imágenes del pasado, en particular en el recuerdo de un momento de su niñez donde se encuentra entre la gente que mira aviones aterrizar y despegar sobre un muelle del aeropuerto Orly. El niño de entonces graba en su memoria  el recuerdo del rostro de una mujer y el de un asesinato que sucede en frente suyo. Marker nos sitúa ante la memoria de una imagen que, al convertirse en foto fija, pasa del presente al pasado aunque se intente revivir en el futuro. Utilizando fotos fijas, Marker hace referencia al medio mismo que utiliza para contar la historia jugando con el espacio y el tiempo y, por ende, incita reflexiones teóricas sobre el cine, la fotografía, y la memoria humana. Realizada a menos de un par de décadas del final de la II Guerra Mundial, La Jetée también alude a la memoria colectiva global. A cicatrices aún frescas de la II Guerra Mundial en la que médicos nazis hacían experimentos sobre los prisioneros de algunos campos y equipos especiales de las SS llamados “Unidades de la calavera” (Totenkopfverbände), que vigilaban los campos, y competían unos con otros en crueldad.

 

Le Bonheur (1965) (La felicidad), de Agnès Varda. Es la primera película de Varda y hasta hoy, mi favorita. Aparte de ser una de las películas más bellas que he visto, cuenta con varias capas de significado que permiten varias lecturas. Varda es considerada la precursora de la Nouvelle Vague (la nueva onda francesa) y Le Bonheur es un largometraje que combina el formato social y formal que luego se verían reflejados en el cine de Godard y Truffaut, entre otros. Como en el resto de la obra de Varda, esta película tiene un formato instintivo, un poco de cinéma-vérité, con una historia que entrelaza varias niveles dirigidos por el contenido formal y su relación con problemáticas sociales, poniendo siempre como figura central a la mujer. Es una película poco convencional que causó mucha controversia por su representación de la liberación sexual de los años 60. El contenido de la historia es muy simple: Un joven carpintero vive felizmente al lado de su bella y joven esposa y sus dos hijos hasta que conoce a otra joven, muy parecida físicamente a su esposa, de la cual también se enamora. Decide que ama a ambas y lo comparte con su esposa, proponiendo el concepto actual del poliamor. La esposa acepta la propuesta y luego se suicida en una escena donde se deja el suicidio a criterio del público, pues podría haber sido un accidente. Luego de un corto duelo, el joven rehace su vida y familia con la segunda mujer. La película se desarrolla de forma cíclica, empezando en el verano y terminando en el otoño, épocas temporales definidas por los colores que reflejan a cada paso las transiciones de la vida cotidiana. El uso de la sustitución y arreglo de los colores y de la configuración de las estaciones vienen a subrayar las contradicciones de la trama, contando un cuento de hadas al revés. Pero lo que en realidad perturba no es la historia en sí, sino la distancia crítica que mantiene la cineasta. La película aún atrae fuertes críticas de feministas que ven a la protagonista, Teresa -cuyo nombre es de virgen católica y usado por Varda intencionalmente- como una víctima del machismo de su marido. Lo que estas críticas omiten es que hay una segunda capa crítica que se desarrolla en el fondo de toda la película, donde Varda impone firmemente su visión formal y social. En los carteles, anuncios, y todos los colores que permean a la película se desarrolla una trama secundaria que cuenta la posición ambigua de la liberación femenina de los 60.

 

Amour (2013) (Amor), de Michael Haneke. En los últimos años, la película que más me ha impactado ha sido esta. Amour es un film brutal, una historia dura y compleja, muy difícil de vivir. Con su estilo típico, Haneke pone en escena una película formalmente minimalista (el 95% de ella se desarrolla dentro del apartamento parisino de los protagonistas) que relata su vida cotidiana hasta su inevitable fin. Construída con planos estáticos, tiempos largos, muy pocos diálogos y solo música diegética, Haneke nos coloca íntimamente en la vida y lenta desestabilización de los dos protagonistas. Ellos son Georges y Anne, un matrimonio octogenario parisino. Ambos profesores de música clásica retirados, miembros de la acomodada burguesía. Un día, Anne comienza a sufrir derrames cerebrales, causándole inconsciencia y parálisis hasta el punto en que queda al completo cuidado de Georges. A partir de ahí, comienza el desenlace de la pareja atravesando el amor, la decadencia, y la muerte. El interior del apartamento de Anne y Georges se convierte en un tercer personaje de la película que se va revelando poco a poco y el cual no habitamos completamente hasta el final. Somos solamente espectadores y el departamento es el escenario teátrico donde se desarrolla la vida y el cual contiene esta historia de amor. Lentamente, lo vamos entendiendo como entendemos nuestros espacios íntimos, hasta que forma parte intrínseca de nuestra experiencia de la historia. Tal cual escribe Walter Benjamin en París, capital del siglo XIX  ” Habitar significa dejar huellas. En los interiores, éstas se acentúan… Las huellas de los ocupantes también dejan su huella en el interior”.

 

 

Claudia Joskowicz, artista plástica boliviana, vive y trabaja en Nueva York y en Santa Cruz, Bolivia. Recibió un Magister en Artes Plásticas de New York University en el 2000. Exposiciones personales incluyen Thierry Goldberg Projects y Momenta Art en Nueva York el Espacio Simón Patiño y el Museo Nacional de Arte de La Paz, el Centro Cultural Santa Cruz y Galería Kiosko en Santa Cruz (Bolivia), y Lawndale Art Center en Houston para la Bienal de Fotografía Fotofest.

Premios recientes incluyen una beca 2011 en cine/video de la fundación Guggenheim, un premio en el festival Videobrasil, becas Fulbright, de la Asociación de artes hispanas de Nueva York, en fotografía del Vermont Studio Center, un premio en vídeo de Urban Artists Initiative en Nueva York y el gran premio en el Concurso de Fotografía Digital Modificada otorgado por la Fundación Simón I. Patiño en Cochabamba, Bolivia. Fue artista en residencia en el programa WorkSpace auspiciado por el Lower Manhattan Cultural Council (LMCC) y en el programa AIM auspiciado por el Bronx Museum of the Arts, ambos en Nueva York.

Claudia actualmente es una conferencista en el programa de Arte, Cultura y Tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). 

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