El “cinero”

projector_notaPor David Acebey

Para Omar Delgadillo

Anoche se cortó la luz del pueblo cuando el jovencito de la película estaba por dar alcance a los bandidos que asaltaron el banco. Eso ocurre siempre…

…..Los turcos prendieron mecheros y contaron el resto de la película, imitando relinchos, gritos, disparos y hasta el beso que le dio el jovencito a la rubia que rescató de los bandidos mexicanos.

…..Nos despanzamos de risa cuando la Gorda Boletera se trenzó en el cuerpo de su hombre y lo aprovechó hasta que el Turco gritó fin en inglés, para que deje de besarlo y se ponga a vender los gallitos de melcocha antes de que el público se desparrame.

…..A mí también me gusta contar. Hoy fui a tomar mate con el Ciego Dámaso y le dije:

…..―Hubiera querido que vea Red Kit, don Dámaso.

…..―¿Pero cómo gua ver si soy ciego?

…..―Usté es ciego cuando quiere porque no le falta ojo pa’ la Hermelinda.

…..Se hizo el chancho rengo y después me pidió que le cuente de la primera película que llegó a Timboy Gacho.

…..―¡Ya le conté!

…..―¡Pues recuéntela!

…..―Además la vio.

…..―Pero solo de oídas…

…..Me hice rogar hasta que cambió la yerba de sus mates aguados. Entonces le dije que nunca olvido aquel veinte de agosto, porque me entregaron el chivato que me dejó de herencia mi mama y porque en la noche fuimos a conocer el cine con el Mudo Peralta. Por tercera vez le conté de los changos que se espantaron cuando una tropa de caballos corrió como queriendo salir de la pantalla, de los criollos que vieron la película sin desmontar, de las viejas que se persignaban cada que las bailarinas mostraban sus ancas, del barullo que se armó entre los que apostaban al gallo giro y al gallo colorado, y de la propaganda de «Amor Salvaje», donde una tal Sonia se fue sacando sus trapos hasta quedar casi en cueros.

…..―¡Era como pa’ amansarla sin ensillao! ―dijo.

…..―¿No era que usté era ciego?

…..―Ya le dije que también se mira de oídas.

…..Aquella noche pequé de pensamiento y de manos, pero de eso no le conté.

…..Cuando el Turco viajó a la capital para cambiar las películas, el padre Féderix alborotó a las beatas para que se prohíba el cine en Timboy Gacho; pero como era tiempo de elecciones, las autoridades no quisieron quedar mal con Dios ni con el candidato oficial. El pleito fue público y los que apoyábamos al cine ganamos con más de trescientos cuerpos.

…..Al día siguiente, le pregunté al padre Féderix:

…..―Pagrecito, ¿ande se estudia pa’ ser cinero?

…..―En el infierno ―respondió enojado.

…..Parece que después de la misa se arrepintió, porque cuando guardé los ornamentos me dijo:

…..―No se dice cinero, se dice cine asta.

…..―Eso sería si el cinero fuera un toro ―le retruqué.

…..Creo que se dio cuenta que no pudo engañarme y se fue riendo. Pero sé que esa maquinita para hacer cine se llama filmadora. Vi uno de esos aparatos cuando Monseñor Mauricio visitó el pueblo y estoy seguro que salí en la película que hicieron de su viaje por el Chaco, porque me puse a la fila de los que esperaban el turno para besar su anillo.

…..―¡Me lo van a gastar! ―dijo.

…..Y el Mudo Peralta, que siempre está metido donde pasan cosas para contarlas, le respondió:

…..―Mejor su Eminencia, así se compra uno nuevito.

…..Desde entonces pienso que si yo fuera cinero haría muchas películas, porque aquí pasan tantas cosas, que es cuestión de apuntarlas con la maquinita esa, y listo.

…..Ya estoy practicando con mi filmadorita de quebracho, pero si tuviera una de verdad, haría cine para reír, cine para llorar y cine para que vean cómo de lindo es mi pago. Le filmaría al Zurdo haciendo llorar a su guitarra, al Chato atropellando ganado arisco, a don Mariano tigreando con sus perros, al Juan Paniagua peleando con los caminos para que el correo llegue puntual o al Aurelio contrapunteando a su propio eco en los cañones. ¡Pucha que canta lindo el carajo!

…..También haría una película de las correrías del padre Torrejón, el único cura criollo que tuvo la parroquia. Fue cantor, chacotero y aficionado a los caballos de carrera. Le filmaría haciendo flamear su sotana en el carril, contando chistes colorados, puñeteando a los policías abusivos o bromeando con los moribundos para que viajen alegres a la otra vida. Haría unas tomas cuando arremanga su sotana para zapatear chacarera y cuando imita el canto del búho, señal para que la Viuda Valeria destranque su ventana; porque todos sabemos que le dio consuelo desde que murió su marido y, los que piensan como yo, no criticamos sus gateadas.

…..En esa película mostraría a las Viejas Vizcachas para que se conozca el infierno grande de los pueblos chicos; porque como no hubo quien se anime a pecar con ellas, hicieron yunta pa sembrar chismes.

…..Haría otra película con los turcos: filmaría los caminos que recorren arreando los burros que cargan su negocio y, a la Gorda, cuando se disfraza de tamborilera con sus botas rojas y su vestido blanco a media pierna, y marcha por las calles redoblando, mientras su hombre anuncia las películas que traen de tiempo en cuando.

…..Mostraría a los changos que ríen del paso marcial de la Gorda y de la seriedad del Turco cuando se dirige a los mirones con su cuerno de lata, para decir las mismas cosas: que la película tal o cual fue premiada por el lado de los Yunaites, que el argumento es copia fiel de la realidad, que llevemos pañuelo porque hay escenas para moquear o asegura que no se cortará la luz eléctrica, porque trajo un burro extra cargado con gasolina y limpió el carburador del motor.

…..Y siempre algún chango pregunta:

…..―¿La entrada es con gancho o sin gancho?

…..Entonces la Gorda explica que habrá gancho después del tercer día y que podrán ingresar tres niños con una entrada.

…..Los changos se las ingenian para conseguir unos pesos. Algunos roban un pollo para darlo a cambio del boleto y, si no les resulta la travesura, estarán obligados a trepar el tapial de la alcaldía, a riesgo de ser bajados de un garrotazo, especialmente cuando los estreñimientos de la Gorda Boletera la ponen con cara de mal tiempo.

…..También filmaría a la gente que camina cargando sillas y bancos en dirección al cine. En esos desfiles se nota quién es quién: los ricos caminan por media calle seguidos de las sirvientas que cargan sus poltronas y los otros caminan con sus patas.

…..Pero solo el Mudo Peralta comprende mi afición por el cine y me busca para saber de las películas que hace el cinero que vive en mi alma. Yo le cuento y él las muestra.

…..Ayer festejamos mis cincuenta y le dije:

…..―Un día de estos vendo mi chivato y me voy de cinero.

…..―Andate Igenio, andate ―me dijo―, pero mientras tanto seguí practicando con tu filmadorita de quebracho.

 

Este cuento fue publicado en el libro Nuevas voces hispanas: contextos literarios para el debate y la composición (Prentice Hall, 2000), que incluyó  relatos de  Juan Forn, Javier Marías,  Dorelia Barahona y Laura Fava, entre otros.

David Acebey nació en 1945, en Territorio Ava-guaraní del Chaco boliviano. Entre otras cosas ha sido fotógrafo, artesano del cuero, ayudante de albañil, guionista y docente universitario. Fue también zafrero, periodista, carpintero, chofer de taxi,  y mil oficios, pero siempre un cuentero que se ha mantenido entre las sombras.
Tiene  una docena de libros publicados, uno de ellos  El último sapucai (La Hoguera), reúne sus mejores relatos; y  tiene también dos  libros de  investigaciones sobre los ava -guaraní en Bolivia:  Quereimba  y Amandiya, ambos publicados con su  editorial La Chiva Mora. 

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One Comment

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  1. muy bueno el cuento saludos ovejo

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