Fin de fiesta. Una poética de la soledad en Diario de Maximiliano Barrientos

 

Florencia Chiaretta
Luis Carlos Sanabria

               Nos aproximamos al libro de cuentos Diario (El Cuervo, 2009) de Maximiliano Barrientos desde lo que definimos como una poética de la soledad. Para hablar de esta poética, es necesario partir de un interrogante: Cómo se manifiesta la soledad en Diario. La respuesta que nos planteamos lleva a las dos categorías que expondremos en el desarrollo del trabajo: la fugacidad de la experiencia y la imaginación pop.

I.

 

En una entrevista realizada a Barrientos, el escritor argentino Juan Terranova pregunta sobre la importancia de los bares en los cuentos de Diario, que, según Terranova, se erigen casi como personajes secundarios. Barrientos responde:

Al igual que los hoteles, los bares son tierra de nadie. Sitios donde se puede hacer un paréntesis. Porque en los bares y en los hoteles la cuestión personal queda en suspenso, tenés la ilusión de ser otro. Podes reinventarte. Además, los bares son grandes lugares para pensar, para entrar en un tipo distinto de velocidad. Son el sitio ideal para hacerse algunas preguntas(1)

En términos de Barrientos, estos espacios facilitan temporalidades diferentes. Una práctica de hacer paréntesis para propiciar experiencias fugaces que van a ser determinantes en las revelaciones vitales de los personajes. La recurrencia al espacio de los bares y, probablemente con mayor notoriedad, a los baños de estos recintos, otorga a los personajes, por lo general atribulados y aturdidos, momentos fugaces de calma y consiguiente revelación:

Los mejores momentos de su vida los pasó en bares. Sitios oscuros, agradables. Allí sus amigos festejaron despedidas y cumpleaños y fiestas de todo tipo. Tiene muchas fotografías en esos lugares donde fue escapando de cosas no resueltas. Los bares con Verónica. Ella esperándolo en alguna barra, callada, un poco asustada. Ser un poco otras personas. Eso les gustaba. En sitios poco iluminados Verónica no estaba casada y él no estaba tan confundido. En los bares el futuro no existía. (Barrientos; 2009: 16)

Estos espacios de tránsito son propicios también para el reconocimiento, el encuentro con uno mismo. Así, en el cuento “Necesidades”

En el baño del café se lava la cara y se mira en el espejo. Viste la misma ropa que usó la noche anterior cuando fue al bar con Freddy. Un hombre orina en uno de los mingitorios. Acaba y lava sus manos y sale apurado, sin mirar a Ricardo. (Barrientos; 2009: 56)

Esta fugacidad de la experiencia de la que hablamos, esta opción de “despreocuparse” del futuro a través de un paréntesis que suspenda la duda se manifiesta, además de en el espacio, a través de dos dispositivos: por un lado, el concepto y la función del viaje, y por otro, en el plano de la escritura, plasmado en el lirismo del lenguaje.

El viaje en su función de paréntesis se presenta de forma un tanto más amplia. En primer lugar, porque hay cuentos cuyo hilo articulador se encuentra en uno o varios viajes y, por otro lado, porque es el desplazamiento lo que le abre la puerta a esos espacios/tierras de nadie que son los hoteles, los bares, los aeropuertos.

Dentro de la tradición de la literatura, el viaje es uno de los tópicos más transitados. Desde La Odisea, pasando por Don Quijote o La divina comedia, el viaje que realizan los héroes los enriquece en experiencias y vivencias fundamentales para el desarrollo de sus historias. En el caso de Diario, los viajes se manifiestan como exilios, como la búsqueda de redenciones para vidas que nunca satisfacen del todo. La angustia es el motor de estos exilios voluntarios que empujan no a huir del pasado, sino más bien a protegerse del futuro y su carga de incertidumbre. Una búsqueda, desde ya, condenada a fracasar.

En “Diario”, el relato que da nombre al libro, nos encontramos con un personaje adulto que ha decidido salir de viaje en su auto, sin saber bien a dónde y si explicar por qué. Además del desplazamiento físico, se trata de un viaje al infierno interior, personal, en una obstinada y por momentos neurótica evocación del pasado que finalmente, como si se atravesara un trance, deriva en ese punto de fuga. Un ejemplo de este tipo de viaje mixto lo encontramos en el relato “Hermanos”, que narra el viaje de dos hermanos hacia el funeral de la abuela que los había criado.

En el recorrido, aparte de transitarse los espacios que habíamos comentado con anterioridad, cada personaje se enfrenta a un viaje interior que atraviesa, principalmente, su relación fraternal, pero sin dejar de visitar las angustias privadas. En este mismo caso, la forma del cuento se nos presta como un viaje: la historia está dividida para ser narrada desde distintas focalizaciones. Cada parte, a su vez, se encuentra subdividida en una especie de montaje de escenas que permite generar una sensación de movimiento, aunque un tanto brusco, poniendo en evidencia la importancia de los recursos cinematográficos en la construcción de esta poética de la soledad.

El otro elemento que mencionamos como fundamental para la configuración de estas experiencias fugaces es el lirismo en el lenguaje de Barrientos. Una marcada economía del lenguaje y una puntuación y una cadencia que acercan su prosa a la poesía, el cine y la canción popular. El lenguaje austero obliga a contar las cosas como son, a mostrarlas en su expresión esencial.

Este lenguaje austero y contundente logra, desde el planteamiento formal de los textos, que los instantes sean percibidos como fugaces, como destellos, en un tiempo planteado desde la percepción de una conciencia que se debate, a cada paso, entre el quiebre y la reinvención.

Como anunciamos previamente, este lirismo del lenguaje hace diálogo con otras categorías estéticas populares. La música, la fotografía y el cine son registros en los que Barrientos abreva con recurrencia y destreza. A continuación, revisaremos la manera en que este imaginario estético popular constituye la segunda manifestación de la soledad en Diario.

  II.

Hablar de una imaginación pop en los cuentos de Maximiliano Barrientos instala, por lo menos, una sospecha. ¿Qué de la cultura de masas, qué de –digámoslo así– warholesco hay en Diario?

Para aproximarnos a ello citamos a Daniel Link: “Dentro del arte pop, más conocido sin duda en el terreno de lo plástico, si hay una literatura, es la que mejor responde a esa premisa de que la literatura puede aparecer en cualquier parte. Porque se desentiende (o, mejor: simula hacerlo) de las pugnas entre alta y baja cultura, entre mercado y academia. Más aún, es extraña a los procesos de identificación, a las categorías fijas”. Es en ese sentido, principalmente, que pensamos a la literatura de Barrientos: como fuera de los mecanismos habituales de clasificación. Probablemente esté de más decir que se desentiende de las oposiciones entre alta/baja cultura y mercado/academia porque, diremos, ¿qué literatura actual, en cierta medida, no lo hace?

Tendemos naturalmente a pensar en el pop como algo alegre y liviano. Valga entonces aclarar que de lo que se trata aquí es de considerar al pop como una imaginación, como un dispositivo para reflexionar en torno a una cultura (la cultura pop), y no como una estética. Vendría a ser, diremos con Link, un comentario irónico sobre esa cultura, una meditación en torno a ella, que deviene cuestionamiento crítico (LINK, 2005: 45). En este sentido, podemos decir que la escritura de Barrientos funciona como reflexión y nota al pie, si levemente irónica en todo caso escéptica, en relación a la cultura de su tiempo.

Esta escritura parece dar un salto por sobre los mecanismos (esas máquinas) de fijación de las significaciones, hasta alcanzar una orilla que es tierra de posibilidad: ahí los géneros no dirigen nada, no funcionan como ordenadores de la palabra, que tampoco se somete a los regímenes de la racionalidad, del intelecto. Barrientos dirá que la literatura que le interesa se relaciona menos con las ideas que con atmósferas y emociones, y que una inteligencia despiadada termina atentando contra la sensibilidad del narrador(2) . Su escritura, así, tiene mucho del fluir de la conciencia; se trata de una palabra que se busca a sí misma sabiendo que para encontrarse es preciso salir: esto es, ir en cualquier dirección, pero salir.

En ese escape, en esa apuesta, la escritura de Barrientos no hace concesiones: lo que aparece es una escritura trans, todos los géneros están habilitados, activados. En tal elección, el nombre del libro es la principal clave de lectura, porque en un diario caben todos los registros, una multiplicidad de opciones estéticas. El lenguaje y las emociones no están sujetos a otro criterio que el desplegado por la más pura subjetividad, diremos es un “vale todo” por definición. Si lo que tiene lugar en un diario es la reproducción de fragmentos de una vida, con privilegio de zonas oscuras y secretos, podemos decir que se trata de un registro con el que se puede decirlo todo sin mostrar nada.

En Diario encontramos cartas dentro de cartas, un mail dentro de un cuento, cuentos, mails, cartas dentro de un diario, relatos que se arman dentro de otros. Como cajas chinas, como partes del todo, puestas en abismo que funcionan como construcciones perfectas para traducir eso mismo que se abisma en la voz y en la mirada de quien habla.
El nombre del volumen está dado por el de un cuento; podemos ver en esa elección una clave de lectura: cada cuento de Diario, incluido “Diario”, puede leerse como una entrada de un diario “mayor”. Todas historias sobre la soledad, el amor, las búsquedas. Todas apuntadas, conjuradas por medio de la escritura y vueltas un trip emocional y sin fin.

La lectura de Diario nos sumerge en un estado por momentos asfixiante en lo que tiene de profundo, en donde el escepticismo nunca es sinónimo de apatía sino lo contrario: la evidencia de una búsqueda constante aunque se sepa que todo está perdido de antemano. Podemos leer este Diario compuesto de relatos de la misma manera en que leemos el más autobiográfico de los géneros, la bitácora personal, los apuntes de una vida. La clara herencia que recoge Barrientos de la literatura norteamericana nos hace ligarlo, por ejemplo, a los lúcidos y desgarradores Diarios de John Cheever.

Entonces, volvamos, ¿en qué sentido puede ser pop la literatura de Barrientos?

Diremos que la imaginación pop, ese generoso dispositivo, funciona en esta escritura como indicadora de un apocalíptico fin de fiesta. Lo que se toma de la cultura para reflexionar sobre ella son imágenes anticipadamente nostálgicas: ahí el epígrafe de Leonard Cohen que abre el libro, o el uso de las fotografías como huellas o fantasmas. Las referencias a la música, el cine y la fotografía son permanentes y despliegan un abanico muy definido en su variación.

Algo que se percibe de primera mano cuando leemos los cuentos de Diario es justamente esa fascinación por la imagen y la música, una referencia constante a canciones (pensadas como estados de ánimo) y a imágenes (definiendo territorios y sensibilidades).

El espacio, por ejemplo, pensado como “exterior” de alguna manera funciona como un reflejo del interior sensible, captado por una mirada que todo lo transforma. Un poco a la manera de una situación que se intensifica por efecto de una música sonando. Un poco, también, como en cierto cine, o como todo aquello que rodea a un retrato en una fotografía. No hay tributo a localismos de ningún tipo, y cuando los inferimos están ahí para definir una atmósfera que define a su vez un estado íntimo, un momento de la conciencia.

Por otro lado, es notable la reflexión en torno a las relaciones de pareja y a las familiares: son fantasmáticas, disfuncionales, pesadas, inevitables. Las formas de vida son desplegadas y analizadas con profundidad. La vida real y el presente son permanentemente enfrentados al archivo, un archivo personalísimo que abreva en la música y la imagen. El paso y el peso de los amores se mide con la remembranza de una canción o el gesto congelado en una fotografía:

Raquel y Ariel muy juntos, abrazados, mirando como estúpidos a alguien que les pide que rían o que digan whisky. Raquel sonriendo. Raquel feliz. Cualquiera que las viese diría que es un matrimonio que sobrevivirá. Los matrimonios son paisajes apacibles en las fotos (BARRIENTOS, 2009: 62).

Lo material funciona como un dispositivo especular, como el reflejo de la distorsión. Así, por ejemplo, en el deseo de una película en la que

el verdadero protagonista sea el lugar después del abandono: la habitación desordenada, el baño con vapor, al televisión encendida. Retomaría a los personajes siete años después de esa noche. Ellos con otras vidas. Ellos viviendo con otras personas (IBÍD.: 14).

Barrientos se detiene en encontrar la perfección “emocional” que tiene una canción. Hay (y lo decimos sin prejuicio, en todo caso con empatía) una sensibilidad adolescente. Darle play a Leonard Cohen o a Mary Lou Lord y escribir: un diario, un cuento, un poema. Una conciencia plena de la experiencia como destello y la escritura como traducción de estados sensibles. Una constante observación y enumeración de lo que hay. En un gesto orientado a mostrar lo más íntimo de las vidas.

Lo pop, entonces, se cuela como algo inevitable, como parte intrínseca de la sensibilidad. De la misma manera en que, decíamos, lo local no aparece intencionadamente, puede verse la irrupción de esta imaginación que lee su tiempo en un puñado de discos y de la mano de ciertas tecnologías (cine, fotografía).

El paso del tiempo, la fragilidad de las cosas y la fugacidad de las experiencias, los recuerdos, los pequeños y humildes viajes en el tiempo (esto es: el pasado como recuerdo y herida, el presente como incomodidad, el futuro como repetición, y entonces como angustia): ideas que también se alejan de esa especie de presente perpetuo que es el pop (cuando se lo piensa de primera mano), y sin embargo dan cuenta de una fragilidad social que ese dispositivo, como hemos dicho, cuestiona. Podríamos preguntarnos si la necesidad o el deseo de que la literatura se parezca a una canción funciona como un postulado pop. ¿Qué hay en la música (en la canción) que a la literatura se le escapa?

Las preguntas se suceden, porque ese es uno de los efectos de lectura de Diario. Al tratarse de cuentos, como hemos dicho, tan enfocados en la intimidad de las vidas, su lectura nos devuelve preguntas que también –cómo no– tocan lo íntimo de nosotros mismos.

Esa poética o esa “anatomía” de la soledad, como dirá Fabián Casas en la contratapa del libro, es una respuesta a lo que dimos en llamar un final de fiesta. Terminó, diremos, la fiesta de lo nuevo, de lo joven, de todo aquello que promete. Entonces, la experimentación estética termina de la mano de esa fiesta. No hay –o no parece haber– intención de una ruptura desde lo estético, sino que se da una especie de apropiación consciente de lo disponible. No deseo de romper sino de ver. De utilizar la mirada caleidoscópicamente, aguzando la percepción de ángulos y matices.

Al narrador de “Diario” le seduce la idea de Renzi en Respiración artificial de que ya no hay más aventuras sino parodias de aventuras, y otra vez podemos extender esa premisa a todo el libro. Un ejemplo muy apropiado y muy visual es el cuento “Hermanos”, especie de road movie de la derrota, en donde la carretera y el viaje son más imagen de lo distópico que una invitación a la aventura.

Por otra parte, el escepticismo, el tono y los modos apocalípticos que atraviesan todo el libro, el inconveniente de haber nacido, forman parte de un imaginario híper consciente de los lugares comunes de la sordidez, pero también de la imposibilidad de escaparles. El narrador de Diario dice:

Cuando tenía veintiún años y me fui a estudiar a Cochabamba, empecé un diario. En realidad no era un diario, al menos en un sentido convencional, no lo era. En ese cuaderno escribía una bitácora de mis estados de ánimo. Estaba conformado por apuntes, ideas sueltas, aforismos muy influenciados por Cioran. Casi todas las entradas tenían un tono apocalíptico.

En esencia, nada ha cambiado mucho. Los distintos –pero no tanto– narradores de cada cuento, si bien parecen haber superado la angustia primera, esa que lleva a la locura o al suicidio, tienen sin embargo su impronta y caminan recto hacia la nada. No hay en Barrientos una tentativa de facilitar lugares para la utopía y la felicidad. Lo que sí hay, y lograda con destreza, es una disección de la soledad humana y la búsqueda de un lenguaje que la contenga, de una poética que nos salve, al menos transitoriamente, en y por el lenguaje, de nosotros mismos.

—————————————————————————————————————————

(1) http://editorialelcuervo.blogspot.com/2009/10/entrevista-maximiliano-barrientos.html

(2) http://filba.org.ar/blog/?p=82

Esta ponencia fue preparada para el Congreso de la  Asociación de Estudios Bolivianos, que se desarrolló en julio de este año en Sucre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: