La familia

Por: Fabiola Morales

la familia

¡La familia! cosa curiosa y complicada, escribió Josep Pla el día en que cumplía veintiún años, antes pero, había dedicado un par de líneas amargas a sus padres o a su relación con ellos. En la mesa, frente al pastel de cumpleaños se preguntaba si aquello era realmente un festejo o una recriminación a esos veintiún años de convivencia que el definía como «absolutamente negativos, francamente magros…» y luego proseguía en una, quizá, autorecriminación «tener hijos así, en forma de incógnita, de nebulosa, ha de ser muy desagradable».
Veinte años antes Kafka le había escrito a su padre una larga carta que empezaba así: «Queridísimo padre, no hace mucho me preguntaste porqué afirmo tenerte miedo…». Misiva que se extendía durante veintiséis pliegos en un intento de análisis o detallada explicación del porqué de ese miedo y la manera en que la presencia de aquel hombre, en la vida del escritor, había definido su ser como una personalidad tímida, muchas veces insegura pero sobre todo, atormentada. «A veces me imagino el mapa del mundo extendido» decía« y a ti estirado a lo ancho sobre él. Y tengo la sensación de que para mí solo son habitables las regiones que tú no cubres o que no están al alcance de tu mano».

Mi padre mantuvo desde el principio una relación inestable con su familia, motivada en cierto punto por las circunstancias (su madre murió mientras lo amamantaba, entonces, su padre repartió a los hijos, todos pequeños, con cada una de sus hermanas y se mandó a cambiar). Así los recuerdos que comparte con nosotros son siempre fragmentarios, los seres que debieron ser permanentes en la vida de un niño entraron y salieron de escena como actores de circo, materializándose en visitas esporádicas, frases recriminatorias, situaciones incómodas, y un largo etcétera; pero sobre todo, largas temporadas en los que primaba la ausencia. Tal vez por eso o, simplemente porque tenía diecisiete años y era un adolecente sin más, el día en que los abuelos reunieron a todos sus hijos y nietos y posaron en el jardín de su casa con el par de caniches incluidos, él se negó a salir en la foto; y luego cuando por fin estuvo revelada y se la enseñaron murmuró socarronamente« la familia Siciliana al completo…» esperando ser gracioso, o irónico o las dos cosas al mismo tiempo.
Ignoro si alguien le festejó la gracia, solo sé que hubo un tío furibundo que le cantó las mil y le quitó el saludo durante veinte años, razón por la que estuve a punto de no conocerlo (lo cual habría sido una pena porque el tío en cuestión era y es el orgullo de la familia, un talento, lo mejor de lo mejor, lo que se llama en España: el ojito derecho). Por suerte, el tiempo pasa y las cosas se olvidan o, uno hace como que las olvida o, en definitiva, ya de plano le dan flojera.

Así, desde hace unos meses, mi familia forma un grupo privado de Facebook, todo lo privado que puede ser un grupo de casi cien miembros. Tíos, abuelos, sobrinos y más sobrinos, hijos, padres, cónyuges y otros avenidos alrededor de un par de apellidos, da igual cuales, se unieron, se llamaron, alguno les avisó y terminaron la mayoría por confluir en la virtualidad del espacio web. Los más allegados empezaron por colgar fotos de los tiempos aquellos en los que todavía podían contarse y reconocerse sin los vericuetos de la progenie( ¡La familia! Cosa curiosa..ya lo dijo Pla). He aquí que una buena mañana me encuentro con la famosa foto de la discordia, yo que había escuchado tanto de ella y que sin embargo, gracias al cese de relaciones diplomáticas entre mi padre y su tío, no la había visto nunca. Los bisabuelos sentados en el centro (el caniche mimado en la falda de uno de ellos), alrededor sus hijos y en la periferia, detrás o acuclillados en el suelo, los nietos, tantos. Ninguno mi padre, ninguno mi abuela, uno porque no quiso, la otra por que no pudo, el tiempo, la vida, el destino no la dejaron. Yo aún no existía, y en esa foto de alguna manera todavía íntima, habría estado demás.

«Hay entre ellos y yo» escribe Hervé Guibert sobre sus padres « un vínculo carnal de una intensidad insufrible. Tengo por ellos un sentimiento violento y contradictorio: odio y amor».

 

 

 

Fabiola Morales es escritora. Publicó el libro de cuentos La región prohibida (Ed. Nuevo Milenio). Reside en España

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