Christian Vera: “Ahora más que nunca hay una dependencia mayor por sustancias químicas”

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 Adhemar Manjón

Editada este año en España como El profesor de Literatura (Caballo de Troya), fue publicada en Bolivia como Click (El Cuervo, 2012). Christian Vera (La Paz, 1977) habla en esta entrevista de aspectos concernientes a su novela, las relaciones que tiene con la actualidad boliviana y también del proceso creativo al momento de escribirla.

¿Cómo nace la novela Click-El profesor de Literatura? es decir, la forma en que está estructurada y la idea de hacerla en el periodo de tiempo en el que transcurre toda la obra.
En los planes quería contar de forma muy ambiciosa la historia de un colegio. En la escritura las cosas se fueron deteriorando y de ese gran proyecto quedó apenas la radiografía fragmentaria de un hombre sin atributos que es el profesor de literatura, el personaje eje sobre el cual se construyen las tramas del relato. Y me dio la sensación que a medida que escribía la novela, ésta demandaba brevedad, rapidez, legibilidad, ingenuidad, también algo de estupidez y de un sentido del humor algo particular que espanta a algunos lectores.

Tu novela se puede ver como una gran crítica al sistema educativo boliviano ¿Cuál es tu evaluación del mismo, partiendo del hecho de que sos profesor?
Seguramente tiene esa pretensión. Pero, no creo que las novelas, las grandes novelas, se escriban para realizar simplemente una “crítica”. ¿Qué crítica realizaría el Ulyses de Joyce? ¿Solamente es una crítica a la vida moderna? Es mucho más que eso. O Sangre de mestizos de Augusto Céspedes, no solo habla de la insensatez de la guerra del Chaco, sino que a partir de metáforas e ironías desnuda todos los fantasmas de lo boliviano. Y claro, mi novela, que por supuesto tiene muchísimas limitaciones y carencias, pretende, desde su pequeñez, ser más que una crítica a la educación.

Tenés dos libros, con el primero Ciudad Trilce, ganaste el premio de poesía Yolanda Bedregal, con Click te publican en España. ¿Cuáles son tus expectativas una vez terminás de escribir un libro?
Pretencioso e ingenuo sentí la necesidad de que Ciudad Trilce entre por la ventana de un premio para instalar un debate. Pero es un libro que causa tal aborrecimiento que sufrió el maltrato del silencio absoluto. Dicen que cada libro se merece a los lectores que tiene. Creo que los lectores de mis libros son unos cuantos que al leerme siempre quedan insatisfechos. Y este detalle para mí es fundamental. Tengo muchas limitaciones para escribir así que no puedo atreverme a construir ficciones para gustar a un grupo de lectores que demandan cierto tipo de ficción al estilo de Vargas Llosa o al estilo de Bolaño. Puede sonar paradójico e inmaduro pero escribo aquello que mi intuición me orienta. Creo que en esta tarea de escribir uno va cultivando tramas, sentidos que de a poco van germinando en proyectos ficcionales.
¿Cómo tomaste el hecho de ser publicado en España en una editorial como Caballo de Troya, al mando del legendario Constantino Bértolo?
Algo desconcertante, la verdad. Click salió hace dos años en la editorial El Cuervo, pero tanto yo como los pocos lectores que tuvo la novela no vimos nada relevante en esa pequeña ficción. Así que para todos fue una sorpresa, para algunos una mala sorpresa, para mí una sorpresa increíble que el gran Constantino Bértolo le haya prestado atención a Click. Gracias a Constantino y a la edición de Caballo de Troya mi novela se volvió a instalar en ese reducido circuito de lectores que hay en el país y claro también llegó a varios lectores de afuera que incluso se animaron a escribir reseñas. En todo caso, estoy muy agradecido a Constantino Bértolo que se animó a incorporar mi novela en ese importante catálogo que es Caballo de Troya.
Siempre que aparece un texto así las analogías con la situación política de un país son inevitables ¿Querés reflejar algo de lo que percibís en Bolivia en tu novela?
Todo acto literario es siempre un acto político, aunque sea por omisión. La novela, en general, interviene en el debate público, pero lo hace de forma invisible, etérea, con un ritmo muy particular. Claro, mi novela tiene pretensiones de explorar esa enorme veta de lo político. Pero lo hace a través de una trama donde no es tan legible y explícita esa exploración.
Dentro de todo ese mundo de drogas (ansiolíticos, antidepresivos, etc.) relatado en tu novela ¿cómo ves tú la apertura hacia el uso de los diferentes tipos de estas sustancias en la actualidad?
La farmacia con todos sus medicamentos cada vez está más presente en distintos momentos de nuestra vida. Ahora más que nunca hay una dependencia mayor por sustancias químicas. Y no me refiero a sustancias químicas ilícitas, controladas o vigiladas, sino hago referencia a toda esa gama de químicos legales que modifican el ánimo y la autoestima de la gente. Vivimos en medio de una cultura química sintética que forma parte de la artificialidad de la vida urbana hipermoderna en la cual experimentamos nuestra vida. Y esa línea es la que me interesó activar en la novela.

¿Cómo ubicarías tu novela en el contexto literario nacional? ¿Vos podés mencionar una tendencia literaria dominante en la literatura boliviana?
Mi novela forma parte de un extenso corpus de novelas escritas del 2000 a la fecha, esto por pensar una temporalidad. Si agarramos estos libros publicados no sé si hay muchas afinidades entre ellos en cuanto a cómo entendemos la ficción como forma de instalar debate, cuestionamiento, crítica, estética, diálogo con tradiciones. Pero creo que de forma general sí compartimos con muchos autores bolivianos contemporáneos esa necesidad visceral de querer decir algo a través de la ficción y de buscar los medios para concretar esos trabajos. Algo que nos falta y mucho a varios autores y críticos nacionales es tener la habilidad de leernos críticamente más allá de los “amiguismos” y de los odios personales.

¿Te costó trabajarla con esa prosa plana después de haber escrito un libro de poesía, donde utilizaste una prosa más pulcra?
Ciudad Trilce es jugar hasta el límite con la posibilidad del artificio y mentira que se esconde en las palabras y en sus sentidos. En cambio, Click es la radiografía de un personaje algo parco, para abordar a ese personaje y sus tramas era pertinente tratar a las palabras de otra manera.
¿Has leído las críticas a tu novela? ¿Cómo tomás las dos versiones: las buenas y las malas?
Es extraño porque es una novela que no tiene mucho público o lectores. Sin embargo, debe ser una de las novelas nacionales que tiene un muy buen número de reseñas, varias de ellas escritas en España. Claro, me interesan más las críticas que se atreven a realizar una lectura atrevida de mi novela.
¿Has vuelto a leer Click? ¿Qué cambiarías?
No, no la volví a leer, ni lo volvería hacer. Son los lectores de la novela los que probablemente quisieran que la novela fuera distinta, ellos sí la cambiarían. Yo no.

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