CONSTANTINO BÉRTOLO: “HOY LA GRAN MAYORÍA DE LAS EDITORIALES PIENSA CON LOS PIES”

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                                                                                                           Christian Vera y Bértolo

Adhemar Manjón.-

Constantino Bértolo es director de la editorial española Caballo de Troya desde 2004. Antes realizó este trabajo con la editorial Debate. En este entrevista habla de los trabajos de dos autores bolivianos que desde este año forman parte de su catálogo: Christian Vera, con su novela El profesor de literatura; y Giovanna Rivero, con 98 segundos sin sombra. Además, Bértolo, de 68 años, explica su oficio de editor y de los retos que tiene en los tiempos que corren.

¿Cómo fue su acercamiento a la literatura boliviana? ¿cuáles cree que son sus características?

He de confesar que mi conocimiento y trato con la literatura boliviana empezó en tiempos recientes y su alcance es bastante limitado. En realidad mi interés se deriva de algunos artículos que sobre las literaturas latinoamericanas y las llamadas “literaturas pequeñas” aparecieron en la revista Guaraguao que dirige el ecuatoriano Mario Campaña y es editada en Barcelona por el Centro de Estudios y Cooperación para América Latina (CECAL). Artículos como “Abismo y autocomplacencia. Los falsos dilemas de la nueva narrativa latinoamericana”, escrito por Francisco Marín, “Un debate tal vez urgente: la industria literaria y el control de la literatura hispanoamericana” de Pablo Sánchez o “Últimas noticias de la narrativa latinoamericana de Elena Santos”. A partir de la cuestión sobre las literaturas “menores” o “pequeñas” descubrí el indispensable estudio de  ‘Cachín’ Antezana  sobre la literatura boliviana y ya en lectura directa y a partir de ahí me encontré, avergonzado de mi ignorancia,con la obra de Wolfango Montes Vanucci o Edmundo Paz Soldán. Luego, en un encuentro entre editores españoles y autores latinoamericanos que tuvo lugar en Madrid conocí a Rodrigo Hasbún.  Y un autor te lleva a otro y alguien te habla de alguien y así llegas por ejemplo a Giovanna Rivero o a Maximiliano Barrientos.
Creo que la literatura boliviana más actual, hasta donde se me alcanza, se mueve entre dos tensiones que también son propias de otras literaturas latinoamericanas y que en parte están también  presentes en la literatura española de hoy (incluyendo en lo de española las literaturas que se producen en las otras lenguas del estado: gallego, vasco y catalán). Me refiero a las tensiones entre lo local y lo global-imperial, entre el llamado estilo internacional que en realidad habría que calificar de anglosajón puesto que es la literatura anglosajona y muy especialmente la norteamericana la que funciona como referente internacional y el la voluntad de mantener dentro de los discursos literarios los aquí y los ahora más concretos de las sociedades en la que la escritura tiene lugar. Precisamente el equilibrio entre una y otra tensión es una de las características desde mi punto de vista de las novelas editadas en Caballo de Troya por Vera y Rivero.

¿Cómo le llegaron estos dos autores (Vera y Rivero) y por qué los eligió para el catálogo de Caballo de Troya? ¿Qué le llamó la atención de ellos?

Vera me llegó de una manera accidental pero que refleja muy bien  los extraños caminos por los que un escritor o una novela llegan a la mesa de un editor. Desde que participé en un encuentro de crítica en Buenos Aires entré en contacto con un crítico argentino, Quintín que si bien mantiene posiciones ideológicas  muy distintas a las mías  me sorprende siempre  por su “disparidad” con los criterios literarios y cinematográficos dominantes. Leo sus colaboraciones en la prensa argentina y en una de sus columnas hablaba con desenfado y felicidad de la novela de Christian Vera y me llamó la atención. A través de Internet me puse en contacto con la editorial El Cuervo y Fernando Barrientos con el que también había coincidido en aquel encuentro en Buenos Aires me envió el libro. Y lo leí y me interesó como editor y me gustó como lector, circunstancias que no siempre coinciden ni tienen por que coincidir. Publicar a Giovanna se me presento como una oportunidad que no quería desaprovechar. Había leído Sangre dulce y cuando a propuesta de su agente leí 98 segundos sin sombra tomar la decisión de publicarla se me hizo inevitable. Publicar dos autores bolivianos en los dos primeros meses del 2014 es además por mi parte un a forma de expresar mi especial interés hacia esas “grandes literaturas pequeñas”.

¿Qué cree que signifique para ellos, sabiendo que la editorial Caballo de Troya pertenece a la gran editorial Penguin Random Hause?

Bueno, Caballo de Troya se define como una editorial de perfil independiente dentro de una gran multinacional de la edición como es Penguin Random House. Esto no deja de ser una contradicción y su existencia sin duda refleja una de esas contradicciones de las que se nutre el capital internacional pero que a la vez permite que encuentre hospitalidad editorial obras o autores que no se corresponden  ni coinciden con la lógico de la rentabilidad a corto plazo hoy dominante en el neoliberalismo. Traducido al castellano lo de perfil independiente en realidad habría  que leerlo como editorial de bajo presupuesto a la que no se le exigen resultados económicos relevantes – con no tener pérdidas sería suficiente- pero que tiene como objetivo y filosofía la publicación de nuevos autores y nuevas literaturas. Podemos por tanto decir que publicar en Caballo de Troya es una forma de entrar en un mercado difícil y muy competitivo y que la publicación puede actuar como trampolín para hacerse visible en el mundo literario español.

¿Usted cree en la denominación de autores pequeños y autores grandes? ¿Cuál cree que es la diferencia, cuál es la importancia de las editoriales en este caso?

Hoy creo que más fácilmente podríamos hablar de autores gordos y autores flacos según fuera la cantidad que alcanzan sus ventas que a su vez engordan o enflaquecen a sus editores. Lo de pequeño o grande si atendemos a eso tan complicado de definir que llamamos calidad es cuestión harto discutible ¿Grande para quién? ¿Pequeño para quién? Personalmente lo que  admiro en la obra de un escritor o escritora es su capacidad para orientarme en la confusión que resulta de tratar de vivir con dignidad en sociedades en las que la ley del más fuerte, del más rico, del más tramposo, del más egoísta parecen ser la únicas leyes posibles. Autores de libros que me enseñen las raíces del daño y propuestas de cómo salir de él.  Lo de grande siempre me ha parecido algo sospechoso: lo grande si te cae encima te aplasta y tiende a caerte encima.

¿Qué debe tener un libro para ser publicado en Caballo de Troya? ¿Tiene una línea en particular su editorial?

Es algo complejo pero tampoco quiero evadir la respuesta. Los libros que pretendo encontrar son aquellos que se oponen o enfrentan a la imaginación dominante y como yo no distingo entre forma y contenido diría que busco una literatura lo más inesperada posible sin caer en lo gratuito. Eso es lo que pretendo aunque a veces inevitablemente uno debe conformarse con mucho menos, aunque eso sí: menos pero en esa dirección de enfrentamiento.

¿Qué tanto ha cambiado el oficio de editor en estos tiempos? ¿Es más fácil, más difícil?

Llevó unos veinte años trabajando en este campo y  creo que el oficio ha ido variando al menos en el campo de la edición literaria. Por decirlo con brevedad:  los criterios del director literario han ido perdiendo cada vez más peso y los criterios de los departamentos de marketing y ventas cada vez han ido cobrando mayor relevancia. Algo bastante esperable en un contesto social en el que las economía neoliberales hoy dominantes han abandonado  las lógicas de los posibles beneficios a medio o largo plazo para centrarse casi de manera exclusiva en las ganancias a corto plazo. Cuando entré a trabajar en este mundo la red comercial y la distribución eran los pies de una editorial. Hoy la gran mayoría de las editoriales piensa con los pies.

¿Cómo ve el tema de la autoedición online? ¿cuánto ha perjudicado a las editoriales?

Personalmente creo que la edición digital es el horizonte donde se enmarca la edición del futuro. Hasta ahora los editores tenían la capacidad de homologar cuales de todos los textos privados que cada persona podían escribir merecían hacerse públicos y por consiguiente pasar a ser considerados como discursos literarios. EDitar era hacer público determinados textos privados. En estos momentos y a través de la autoedición online este monopolio que los editores detentaban parece haberse venido abajo pero esta sin resolver la cuestión de quién homologa y jerarquiza los textos. Cabe pensar que la figura de un editor, de alguien que se atreva a decir este texto merece la pena ser leído, siga siendo necesaria porque sino en la nube digital tal cantidad de textos flotantes hará imposible que los lectores puedan elegir o seleccionar. Supongo que en el futuro próximo cuando el capital  logre domeñar los vías de escape de las tecnologías y eviten las piraterías aparecerán portales que tengan la capacidad económica necesaria para intervenir fuertemente, vía publicidad directa o indirecta, en la producción de necesidades, es decir, en la creación de aquellos mecanismos sociales donde se decida el qué hay que leer. Hoy las editoriales están desbordadas por unas tecnología que todavía no logran poner a su servicio. Pero si el sistema económico global no cambia ese todavía no creo que dure mucho.

¿Tiene planeado publicar algún otro autor boliviano en el futuro?

Sí, sería mi deseo mantener esta relación editorial con la literatura boliviana y al respecto mantengo contactos muy estrechos con los editores bolivianos y de manera muy especial con Fernando Barrientos de editorial El Cuervo. Si las circunstancias me lo permitieran sin duda que a partir de mis lecturas actuales acabaría por decidir la publicación de otros y otras autores bolivianas. Al fin y al cabo Bolivia hoy atrae la miradas de quienes nos preguntamos eso de cómo vivir sin miedo y con dignidad en un mundo con tantos depredadores.

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