Epígrafe para un libro condenado

epígrafe                                                 Epígrafe del libro Tres rosas amarillas, de Raymond Carver


El libro Nueve cuentos del escritor estadounidense J. D. Salinger abre con el siguiente epígrafe: “Conocemos el sonido de la palmada de dos manos, pero ¿cuál es el sonido de la palmada de una sola mano?”, un ‘koan’ zen con el que Salinger intentaba transmitir la búsqueda de “la iluminación”, un consuelo, o la inalcanzable verdad de la vida a la que los personajes que conforman sus nueve historias se enfrentan. Así, un epígrafe bien escogido, puede ser recordado por siempre como una parte esencial de un texto, como la frase que ilumina una obra completa.

Frase clave
El escritor cubano-boliviano Alejandro Suárez, mencionó sobre este tema lo siguiente: “Posiblemente no sea tan importante y al final la obra funciona con epígrafe o sin epígrafe. El problema es que una vez que lo encontraste no hay forma de que alguien te haga entender que es prescindible”, dijo el autor de la novela El perro en el año del perro  que abre con esta frase de la novela Jugadores de Don Delillo: “En medio de la niebla, por fin entendió. ¿Pero qué entendió? ¿Por fin, qué?”.

Suárez explicó que escogió esta frase porque se considera malo en el ejercicio extremo de reducir el sentido de una obra en una oración. “Quien quiera verme en un estado parecido al estupor solo tiene que preguntarme: “de qué trata tu novela?” Cada vez que intento una respuesta siento que es un abuso de la síntesis”.

“Siempre pensé que lo que quería escribir era algo parecido a una historia de aprendizaje pero sin moraleja”, comentó el autor de Irina, el sexo y la  nueva izquierda, por eso, cuando encontró la frase de Delillo fue como un rayo de luz, porque resumía la intención de la obra sin encerrarla en un ropaje muy estrecho, y “en lugar de dársela masticada al lector, lo estimulaba a pensar para completar una respuesta (y de paso sientan lo que se sufre al intentarlo!)”.

El escritor cruceño Maximiliano Barrientos, que utilizó una línea de la canción Famous blue raincoat, de Leonard Cohen (“Escuché que estás construyendo tu casita en el desierto”), para su libro de cuentos Diario, mencionó que hay epígrafes que pueden iluminar un tipo de lectura, y que a su parecer esos son los más afortunados. “Hay otros escritores que te llenan de epígrafes solo para mostrar una erudición pedante, odiosa. Hay libros que solo pueden salir sin epígrafes”. Barrientos acotó: “Supongo que la literatura es una construcción colectiva, y un buen epígrafe ilustra eso: que los libros vienen de otros libros, que los libros se conectan con otros libros”.

“El epígrafe de Cohen lo escogí porque en ese tiempo lo escuchaba mucho y de alguna forma pensé que había una relación entre esa canción y el volumen de cuentos que había escrito”, indicó el autor cruceño, que agregó que la idea de la casa como un refugio en un lugar desértico le pareció muy sugerente, además que quiso utilizarla como una especie de agradecimiento por todo lo que Cohen le había estado dando hasta ese momento.

“Ahora ya no lo escucho tanto, diría que casi ya no escucho a Leonard Cohen, pero entonces fue una presencia esencial en el pequeño estudio de mi casa, en los meses que me pasé escribiendo esos relatos”, dijo Barrientos. “Cualquier fragmento de esa canción o de otra de Cohen pudo servir de epígrafes para Diario”.

La poeta Emma Villazón dijo que está claro que el epígrafe es un elemento accesorio del libro. “No es imprescindible para la existencia del mismo, pero también es evidente que, dependiendo de cómo esté usado, puede jugar un rol importante en la obra, puede ampliar el sentido de la misma, enfatizar quizás el tono, la búsqueda estética o cierta preocupación que la encarna, según el autor”. Villazón, en su último poemario Lumbre de ciervos incluye este fragmento del poema Elevación de la sima de Humberto Díaz-Casanova, como epígrafe: “El poeta olvida su lengua maternal cuando debajo del alma cavan!”. “Por eso el valor del epígrafe en el libro dependerá de qué manera este se relaciona con el libro, y para eso, habría que hablar de obras específicas”, agregó Villazón, y mencionó que lo escogió porque sintió que expresaba un gesto del libro, que tenía que ver con que el poeta habla en otra lengua, que es distinta a la maternal y cree que cuando el poeta habla germina otra habla, una que es extraña para la mayoría.

En su caso, el epígrafe apareció durante la escritura de Lumbre de ciervos.  “Me encontré con ese verso, e inmediatamente lo tomé, a manera de un faro o un estímulo para continuar escribiendo”.

¿Cómo escogerlo?
Sebastián Antezana, Premio Nacional de Novela en 2008 con La toma del manuscrito, explicó que para él, la elección de un epígrafe tiene más que ver con la intuición que con otra cosa: “En mi caso, un epígrafe se me ocurre en distintos momentos: tanto en la escritura como en la lectura, cuando me enfrento a frases que me mueven a detenerme sobre ellas, a probarlas y repensarlas, a buscarles contexto, a darles cierta continuidad. Un epígrafe es siempre un encuentro de alta intensidad en el que entendemos mejor un aspecto determinado de la escritura y la vida”, dijo Antezana, que abre su novela El amor según… con esta cita de la escritora Susan Sontag: “Las fotos nos transmiten cierta imagen de la guerra vinculada al acontecimiento, al estallido. Pero lo crucial de la guerra es lo que sucede después. ¿Cómo se fotografía lo que sucede después?”.

“Escogí el epígrafe de Sontag porque me parece que condensa de forma expresiva una de las ideas centrales de El amor según: la callada devastación que nos produce la pérdida de las personas cercanas, y la dificultad, en realidad casi la imposibilidad, de narrar esa pérdida, de transmitir mediante el lenguaje esa callada devastación, el agujero que se crea en nuestra realidad cuando nos quedamos solos”, expresó el autor.

Antezana  eligió el epígrafe mientras escribía la novela. Se trata de la pequeña parte de una larga respuesta que Sontag le da a un entrevistador, en una pieza traducida y publicada por la revista El Malpensante.Al leer esa respuesta, y en especial el fragmento que utilizo como epígrafe en El amor según, supe que expresaba de forma notable mucho de lo que yo quería decir y que además lo hacía en forma de pregunta (tiendo a preferir las dudas sobre las certezas), por lo que necesitaba ponerlo en el libro”.

El escritor beniano Homero Carvalho Oliva manifestó que como el epígrafe tiene que ser un texto breve muchos autores eligen versos o fragmentos de poemas porque saben que encierran mayor condensación y belleza. “En mi caso no sé cuando los elijo, no tengo un método. Puede ser mientras estoy escribiendo la obra o al finalizarla, pero siempre es como una Epifanía, una revelación”, resaltó el autor de la novela La maquinaria de los secretos, que utiliza esta cita del italiano Cesare Pavese: “El arte de vivir, es el arte de saber creer en la mentira”.

“En realidad son tres epígrafes, el primero  de Pavese, lo encontré cuando la idea de la novela me rondaba la cabeza y sentí que se ajustaba a los propósitos y objetivos de la narración”, explicó Carvalho. “El segundo: Las palabras son el mundo, es una definición escrita por Enrique Fuentes parafraseando a Ludwig Wittgenstein”. Fuentes es personaje de la novela y lo asaltó cuando la terminó de escribir. En ese momento el autor beniano creyó y cree que ese epígrafe se ajusta a su personaje, un palabrero, un hombre que amaba las palabras.El tercero: La guerra que ayer era de otros/ está hoy en todas partes, es un verso de un poema de Gigia Talarico que recordó mientras escribía la novela y lo halló preciso para definir la relación entre los servicios secretos y la sociedad. Todos estos epígrafes -acotó Carvalho- pretenden alertar al lector de lo que se viene.

Wilmer Urrelo, narrador paceño, comentó que él generalmente elige el epígrafe durante la escritura de la obra: “Aunque a veces, mientras leo hay algo que me gusta, lo subrayo y lo copio a una libreta que tengo destinada a eso”, agregó el ganador del premio alemán Anna Seghers por su novela Hablar con los perros, en la que utiliza esta frase de la canción Bestia de la banda mexicana Hello Seahorse! para presentarla: “No tengo voz para decirlo, por eso vengo y te lo escribo”.

“Lo escogí porque me pareció que los dos tenían cierta relación con la historia que cuenta la novela. En el fondo dicen las cosas que el libro cuenta y lo hace en tan pocas palabras que me incliné por esos dos”, afirmó Urrelo. El epígrafe lo encontró mientras lo escribía. “Fue como una cosa rara porque ambos estaban tan sintonizados con lo que yo creía en ese momento, entonces dije que esos dos eran los que necesitaba mi novela”.

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