CARVER

Por: Maximiliano Barrientos

Hace poco volví a leer un cuento de Raymond Carver titulado Tell the Women We´re Going. Es el cuento más terrible sobre la crisis doméstica que conozco. Dos amigos se conocieron cuando eran muy jóvenes, compartían las mismas mujeres, usaban la misma ropa, compraron juntos un auto, se emborrachaban en esos pueblos alejados del Midwest americano, hacían las cosas que todos hicimos en algún momento hasta que uno se casó y eso significó el final de algo. El amigo que quedó soltero lo seguía visitando pero era como si un astronauta asistiera a un encuentro de marcianos, ya no pertenecían al mismo lugar, los afectos seguían firmes, pero uno pertenecía a una parte del mundo, el otro a una completamente distinta. Años después el que quedó soltero sucumbió ante las presiones y también se casó, pero para entonces su amigo, el que se casó primero, ya tenía dos hijos, había sido consumido por el trabajo y las responsabilidades, y ya era un hombre viejo a los veintidós años. Un domingo que tomaban cervezas propuso salir en el auto como sucedía en los buenos tiempos. Intentaron conquistar unas chicas pero les fue imposible. Las persiguieron y el amigo envejecido prematuramente, en uno de esos momentos confusos en los que se define una vida entera, las asesinó a pedradas.

          Es un cuento sobre el propio Carver y sobre cómo ese matrimonio precoz le hizo pedazos el amor que sentía por Maryann Burk, su primera mujer, la mujer que lo convirtió en alcohólico y en escritor al mismo tiempo. Es un cuento sobre la amistad, es un cuento sobre lo irremediable. Es, antes que todas estas cosas que he mencionado, un cuento sobre la belleza perdida, ignorada en su momento, atisbada difusamente cuando ya es demasiado tarde.
kkkkkkHace un rato abrí el libro para releer el cuento y me topé con una foto mía y de mi sobrino. La tomaron el último día que estuve en Santa Cruz, cuando la familia organizó un almuerzo en La Casa del Camba. Lo cargo en brazos, él tiene la boca abierta, parece riendo. Tiene un pequeño sombrero de saó. Yo también sonrío, ahí estoy feliz, ahí los dos parecemos felices. ¿Hay fotos de Carver con sus hijos? No estoy seguro, deben haber decenas. Las que sí hay son fotos de Carver con Maryann Burk. Recuerdo una donde se lo ve rígido, los dos son jóvenes, están parados en el jardín de una casa. Es una foto en blanco y negro que captura un mundo viejo.

Raymond Carver y Maryann Burk
Raymond Carver y Maryann Burk
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