RODRIGO HASBÚN: “HAY QUE EXPLORAR LA LITERATURA POR DONDE SEA”

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(Entrevista publicada en El Deber el 11 de enero del 2011)

Por: Adhemar Manjón

El autor cochabambino radicado en Estados Unidos está en Bolivia. En un diálogo con Brújula cuenta su actualidad literaria, que está por ser traducido al francés y que sus libros serán también editados en italiano

¿Cómo calificás el 2012 en tu producción literaria?

Para mí fue un año muy bueno, sobre todo porque mis libros empezaron a distribuirse o a editarse en varios países, además de Bolivia, pero también porque comencé un par de proyectos que me tienen entusiasmado.

¿Cómo ha afectado en tu escritura el doctorado en Literatura Latinoamericana que estás cursando?

Lo que hace el doctorado, en última instancia, lo que intenta hacer al menos, es enseñar a leer con más rigor. El movimiento es doble en ese sentido: por una parte, ofrece herramientas para situar mejor un texto, para percibir más claramente algunos vínculos posibles, cómo se inserta en determinados campos y cómo responde a ciertas problemáticas, y por otra parte ayuda a ser más puntilloso con el texto mismo. Y eso, aprender a leer con más atención, es algo que no puedo sino agradecer como escritor. Al mismo tiempo, estar  lejos somete a otro tipo de aprendizaje, multiplica la perspectiva, la ensancha a la fuerza, lo que seguramente termina siendo aún más importante que lo otro.

¿Cómo te sentís de que tu novela El lugar del cuerpo se traduzca al francés?

El proceso de la traducción es un poco inquietante: no sabes qué está sucediendo ahí y ya no tienes el control de nada. A pesar de ello, me alegra que el idioma haya dejado de ser una barrera o un límite y que la novela pueda ser leída en ámbitos tan ajenos. Según tengo entendido, la traducción francesa ya está lista y saldrá pronto, y hay también un traductor italiano trabajándola en ese idioma.

 Alguna vez mencionaste que sos un escritor lento; sin embargo, escribís un diario desde hace 12 años ¿Cúanto te cuesta trasladar todos esos hechos cotidianos y privados al terreno de la ficción?

En el diario sucede otro tipo de escritura, más despreocupada y desprolija, una escritura que está liberada de cualquier expectativa y que cumple otro tipo de función. Yo tengo una memoria muy mala y para mí el diario es una especie de registro privado al que vuelvo cada tanto para intentar entender mejor algunas cosas. ¿Cuánto podría interesarle a otra persona leer mi diario? Yo creo que nada, que carece de valor para cualquiera que no sea yo. La ficción, por otra parte, a veces se sirve de esa materia bruta, pero la relabora de manera radical, inventándole variaciones y ensuciándola y dándole mil vueltas. A mí me interesa la zona indeterminada que está en medio, los textos que problematizan el paso de un lado al otro.

 El año pasado algunos escritores pedían ‘la muerte’ del realismo en la literatura ¿Qué piensas de eso?

Yo creo que hay espacio para todo tipo de escrituras y registros y que es beneficioso explorar por donde sea, sin consignas o mandatos de ninguna clase. ¿Qué se entiende por realismo a estas alturas, además? ¿A qué o quién se tiene en mente cuando se habla de realismo? Si pensamos en el Coetzee de Foe y Verano o en el Bolaño de 2666 y Los detectives salvajes o en cualquier novela de Gonçalo Tavares, daría la impresión de que el realismo entendido en los términos que ellos proponen está todo menos muerto, sobre todo porque aparece acompañado de una decisiva búsqueda formal. En cualquier caso, no creo que el valor de un texto esté determinado por su grado de posibilidad o referencia o por su filiación o desapego a ciertas convenciones de género, sino por cuán cautivante es la voz del escritor, por la hondura o la sutileza de su mirada, por su capacidad de evidenciar aquello que a los demás nos pasa desapercibido.

¿Cómo ves los cuentos de Los días más felices comparados con los de tu primer libro de cuentos, Cinco?

Los cuentos de Los días más felices los fui escribiendo a lo largo de los últimos cinco o seis años, y hay más de una continuidad entre ellos y los que conforman Cinco. En general, sin embargo, este libro mira un poco más hacia fuera, hacia los otros. La parte a la que más cariño le tengo –y la que en más de un modo le da sentido al libro– es la segunda, donde se sigue a lo largo de los años a un grupo de compañeros de curso que van envejeciendo de un cuento a otro. Sobreviven juntos, con menos o más fortuna, con menos o más rabia, a sus días más felices.

¿Qué autores y obras nacionales interesante conociste recientemente y podés destacar?

El año pasado salieron dos primeros libros de cuentos muy audaces, el de Saúl Montaño y el de Fabiola Morales. También mencionaría a Iván Gutiérrez, que publicó su primera novela un par de años antes. Son, a mi parecer, tres escritores de los que se puede esperar mucho.

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